Opinión
Mover los muebles
Nuria Ruiz Tobarra, la jueza que investiga la gestión de la dana, lleva tiempo moviendo muebles. Y cada vez que lo hace, la suciedad emerge. Lo último han sido los mensajes del grupo de WhatsApp del Consell

Mazón, junto a su jefe de gabinete José Manuel Cuenca y Susana Camarero. / Levante-EMV
La porquería no siempre está a la vista. Muchas veces permanece oculta, agazapada tras un mueble. Un día tienes que sacar de su sitio el lavavajillas porque se ha estropeado y aparecen las bolas de polvo o algún resto de comida. Son lugares donde la escoba no llega o donde la suciedad está tan escondida que sólo se revela de repente.
En mi casa, el lodo de la dana superó el medio metro en la planta baja y, casi dos años después, sigo encontrando restos de barro. En algún recoveco del radiador o en una esquina imposible del único mueble que pude salvar del comedor. Varios azulejos del baño aún conservan ese tono amarronado, la huella de horas bajo el fango. Sospecho que solo arrancándolos desaparecería el rastro, pero, igual que ese leve rasguño del aparador superviviente, me resisto a hacerlo. Es, de algún modo, una marca simbólica de la desgracia, una forma —quizá— de no olvidar.
En realidad, podría cambiar de casa, de barrio o incluso de municipio, y lo ocurrido seguiría acompañándome. No solo porque hay experiencias indelebles, sino porque el paso del tiempo ha seguido sacando a la luz la suciedad de aquel día y de una gestión infame de la emergencia. Porque, como en las casas, hay restos que no desaparecen: solo esperan, escondidos, a ser descubiertos. Y cuando aparecen, ya no se puede fingir que no estaban ahí.
Nuria Ruiz Tobarra, la jueza de Catarroja que investiga la gestión de la dana, lleva tiempo moviendo muebles. Y cada vez que lo hace, la suciedad emerge. Lo último han sido los mensajes del grupo de WhatsApp del Consell aportados por la vicepresidenta Susana Camarero, en los que el entonces presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, hablaba de inundar a los medios con datos porque eso daba una sensación “que te cagas” de estar alerta. No es solo lo que se hizo, sino cómo se pensó y la frivolidad con la que se actuó en un momento crítico.
Cuando la suciedad sale a la superficie, solo caben dos opciones: coger el trapo y limpiarla o mirar hacia otro lado. En las Corts, la casa que debería representar a todas las valencianas y valencianos, la miseria moral ocupa escaño y, lamentablemente, el casero, quien tiene la responsabilidad de limpiar, ha optado por no mover los muebles.
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