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Opinión

Director de Levante-EMV

El resplandor del faro del IVAM

La exposición 'La Colección del IVAM' pone en valor la memoria artística del museo, desde las vanguardias hasta las preguntas actuales

Los ocho comisarios junto a Marta Alonso y Blanca de la Torre.

Los ocho comisarios junto a Marta Alonso y Blanca de la Torre. / Miguel Lorenzo

Sorolla nos ha obligado a contar museos, mientras se desprecia al Museo de Bellas Artes y al IVAM. Ninguno de los dos necesita proclamar su importancia porque basta con atravesar sus salas. En una ciudad a menudo tentada por convertir en decorado la cultura, la colección permanente del Institut Valencià d’Art Modern recuerda que València posee una de las mejores pinacotecas públicas de referencia europea.

La nueva lectura de sus fondos, reunida bajo el título La Colección del IVAM hasta hoy, ordena una memoria artística que pone en conversación las vanguardias, la abstracción, el pop, la fotografía, la escultura, el cartel, la crítica social, los lenguajes conceptuales y las preguntas del presente. Un singular relato, comisariado por Blanca de la Torre, Marta Arroyo, Ramon Escrivà, Mª Jesús Folch, Yolanda Franco, Teresa Millet, Sandra Moros y Josep Salvador.

El IVAM nació con la ambición de convertir a Valencia en parada obligada del arte. Lo hizo con una colección de primer nivel, con Julio González como columna vertebral, pero también con un diálogo amplio con los grandes movimientos del siglo XX y con las derivas contemporáneas. Esa vocación sigue ahí, en sus fondos, esperando que la institución, la política cultural y la sociedad valenciana estén a su altura.

Una colección permanente permite volver, comparar, aprender, discutir, reconocer nombres y descubrir otros. Da continuidad. Conviene subrayar que el IVAM es un museo valenciano porque custodia una parte fundamental de nuestro patrimonio artístico y porque proyecta una mirada desde aquí. Pero su escala es internacional. Su colección permite explicar el arte moderno y contemporáneo con densidad, con nombres mayores y con una personalidad reconocible.

Por eso esta exposición permanente debe leerse como algo más que una reorganización museográfica. Es una oportunidad para recuperar orgullo institucional. Valencia necesita saber que tiene en el IVAM un faro. Un lugar desde el que mirar el mundo y desde el que el mundo puede mirar Valencia. Nadie mejor que su directora sabe que cuando una ciudad dispone de un museo como el IVAM, lo peor que puede hacer es acostumbrarse a tenerlo.

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