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Opinión

Bartolomé Pérez Gálvez

Bartolomé Pérez Gálvez

Director general de Salud Mental y Adicciones de la Conselleria de Sanidad

Director General de Salud Mental y Adicciones de la Conselleria de Sanidad

Adicciones: problemas persistentes, respuestas innovadoras

Las políticas sobre drogas deben seguir ocupando un lugar prioritario en la agenda pública. No por una cuestión estadística ni presupuestaria, sino porque afectan directamente a la dignidad, la salud y las oportunidades de miles de ciudadanos

El verano eleva las adicciones y las conductas de riesgo con las drogas.

El verano eleva las adicciones y las conductas de riesgo con las drogas.

El lema elegido por Naciones Unidas para conmemorar el Día Internacional contra el Abuso y el Tráfico Ilícito de Drogas encierra mucho más que una declaración de intenciones. 'El problema mundial de las drogas: problemas persistentes, nuevos desafíos, respuestas innovadoras' constituye una descripción del momento que vivimos y una invitación a reflexionar sobre cómo debemos afrontar uno de los grandes retos de salud pública.

Nos obliga a reconocer una realidad que a veces resulta incómoda: las adicciones siguen siendo un problema persistente. Y lo es porque, pese a los avances logrados, continúan causando enfermedad, sufrimiento, exclusión social y muerte. Persistente porque el alcohol, el cannabis, la cocaína y otras sustancias siguen estando presentes en nuestras comunidades y afectando a millones de personas y familias.

Quizá el mayor riesgo no sea la existencia del problema, sino acostumbrarnos a convivir con él asumiéndolo como un daño asumible. Acabar considerándolo inevitable. Pensar que forma parte del paisaje y que poco puede hacerse para cambiar. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario: cuando existe compromiso, planificación y perseverancia, las políticas sobre drogas mejoran vidas, previenen sufrimiento y ofrecen oportunidades de recuperación.

La segunda parte del lema nos recuerda que, junto a esos problemas, aparecen nuevos desafíos. Las adicciones evolucionan porque la sociedad también lo hace. A las sustancias tradicionales se suman nuevas formas de consumo, nuevas sustancias, nuevas vías de acceso y nuevas conductas adictivas vinculadas al juego, las apuestas o el entorno digital. Los contextos cambian y las respuestas deben adaptarse.

En este punto, vienen a la mente las palabras de G. Marx cuando afirmaba que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. La frase, lejos de ser recurso humorístico, contiene una seria advertencia. En materia de adicciones no podemos permitirnos diagnósticos erróneos ni respuestas improvisadas. Las consecuencias son demasiado importantes para quienes las sufren. Es aquí donde la evidencia científica reclama su rol en toda política pública. Un rol que, lamentablemente, había perdido en los últimos años, bajo el predominio de las políticas basadas en las opiniones y creencias, alejándose de las políticas basadas en pruebas.

Y ahí aparece la tercera parte del lema: la necesidad de implementar respuestas innovadoras. La innovación no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías o crear nuevos recursos. Innovar significa también tener la capacidad de cuestionar aquello que no funciona, abandonar inercias y sustituir opiniones por evidencia. Significa comprender que ni la prevención puede sustentarse en acciones sin evaluación, ni los tratamientos pueden justificarse únicamente porque siempre se han hecho de una determinada manera.

Las respuestas innovadoras son aquellas que colocan el conocimiento científico en el centro de la toma de decisiones. Son las que buscan actuar antes de que aparezcan las consecuencias más graves. Son las que entienden que las adicciones son un fenómeno complejo que exige intervenciones coordinadas desde la sanidad, la educación, los servicios sociales y la comunidad.

Pero, por encima de cualquier estrategia o modelo organizativo, conviene no olvidar algo esencial. Cuando hablamos de drogas y adicciones hablamos, ante todo, de personas. De quien intenta reconstruir su vida después de años de dependencia. De quien teme una recaída. De quien acompaña a un hijo, una pareja o un hermano en un proceso difícil. De familias enteras que conviven con la incertidumbre, el miedo y, muchas veces, el estigma. Personas que, por una decisión acertada o errónea de quienes les atendemos de uno u otro modo, pueden cambian por completo su proyecto vital. Aquí no se trata de reparar un órgano o una función fisiológica, sino de dar sentido a la vida.

Por eso las políticas sobre drogas deben seguir ocupando un lugar prioritario en la agenda pública. No por una cuestión estadística ni presupuestaria, sino porque afectan directamente a la dignidad, la salud y las oportunidades de miles de ciudadanos. Renunciar a esa prioridad sería abandonar precisamente a quienes más necesitan el apoyo de la sociedad.

No debería sernos ajeno el sufrimiento que generan las adicciones. Detrás de cada cifra hay una historia. Detrás de cada estadística hay un rostro. Detrás de cada problema persistente hay una persona que espera una respuesta.

Y esa es, probablemente, la mejor interpretación posible del lema de este año: reconocer la persistencia del problema, comprender los nuevos desafíos y no dejar nunca de buscar respuestas mejores para quienes más las necesitan. Porque las políticas sobre drogas no tratan de sustancias, presupuestos o recursos. Tratan de quienes luchan cada día por recuperar su vida, de quienes les acompañan y de quienes esperan una oportunidad para volver a empezar.

Solo por ellos estuvimos, estamos y seguiremos estando.

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