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Opinión | Traspapelado

València

Baloncesto y libros para el disfrute

El baloncesto ha sido un disfrute, de los pocos, este año. Una fuente de diversión. Como lo son, también a veces, los libros. ¿Por qué no? No son tiempos ya de estrecheces de mira culturetas

Jean Montero, declarado MVP de la final, con algunos compañeros.

Jean Montero, declarado MVP de la final, con algunos compañeros. / Europa Press

Nunca sabes por qué un acontecimiento te agarra más. No sé. El Mundial lo estoy (medio)viendo con el distanciamiento de un entomólogo. Y eso que la época, qué les voy a contar, no es la mejor, así que los fogonazos de alegría y dispersión son lluvia del cielo. Es lo que ha pasado con la victoria del Valencia Basket en la Liga. Un bálsamo. Y no solo por el triunfo, sino por una forma de jugar que es una invitación a la diversión, a pasarlo bien. No solo es el resultado, no solo es ganar, cuenta hacerlo jugando de una forma atrevida, desacomplejada y bella por momentos como una composición de ballet. Si el deporte es un espectáculo, ha de contagiar entusiasmo, emoción y alegría. Eso hace este grupo liderado por un descarado dominicano, que de no ser estrella del básquet estaría amenazado por los principios de la prioridad nacional. Empecé a ver a este equipo cuando ellos iban de blanco con una cinta azul y otra amarilla y yo peleaba contra el acné en la universidad. Empecé el año que consiguieron ascender a la categoría principal de la mano de un entrenador histórico por aquel entonces, Antoni Serra, y de un grupo que casi no se creía lo de la profesionalidad. Otros tiempos. En la medida que el equipo fue creciendo, yo me fui desconectando. La vida y sus urgencias. Este año he vuelto en alguna ocasión, ahora en un estadio de los grandes. El espectáculo tiene mucho de comercio también, pero este Valencia ha sabido crear una filosofía de juego que, ojalá, perdure, porque imprime una identidad y esta es la clave para ser algo memorable. Estas líneas tendrían más valor de haber perdido, lo sé, pero qué se va a hacer, la vida es así, a veces (solo a veces), se gana.

Gemma Pasqual.

Gemma Pasqual. / Levante-EMV

El baloncesto ha sido un disfrute, de los pocos, este año. Una fuente de diversión. Como lo son, también a veces, los libros. ¿Por qué no? No son tiempos ya de estrecheces de mira culturetas. Posdata en Abril abre este número con lo último de Gemma Pasqual (La vida és allò que passa mentre esperes un match, Columna), una novela ligera y alegre, que no menor, de mujeres poderosas y divertidas. Y en valenciano, demostrando la normalidad de una cultura capaz también de géneros habitualmente menospreciados, pero que atraen a miles de lectores. Una lección de vida y literatura para melindrosos como el que suscribe, confieso.

Estoy en racha. No es lo mismo. Pertenece a otra estantería, pero disfrutar de la literatura es también un objetivo a la mano con la última novela de Jonathan Coe (Las pruebas de mi inocencia, Anagrama), una mezcla muy contemporánea de géneros con la que pasar factura y reírse de la Gran Bretaña postbrexit. Desde el agradable relato criminal para las tardes de invierno (pocas cosas hay más británicas) hasta las reflexiones políticas y literarias de un país diferente que no lo es tanto, porque, sin Thatcher mediante, también aquí los ricos acaban siendo más ricos y los pobres más ídem. Quizá aquí no hemos entrado en el terreno de la fantasía política que los británicos manejan con una calma sorprendente a partir de Lizz Truss, pero en ocasiones nos asomamos a ese balcón. Qué decir si no de un personaje como Villarejo y sus trapisondas. O de doña Leire ahora. Pura literatura.

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