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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Zapatero, bajo la sombra de Zaplana

La conexión con Julio Martínez y el silencio sobre las joyas árabes complican el relato moral del expresidente

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero / Alberto Paredes - Europa Press - Archivo

Conviene desprenderse de los apriorismos en el diagnóstico. Lo de Zapatero viene desde que algunos intuyeron que detrás de aquel Bambi se escondía un imprudente. Igual que a ciertos patriotas se les distrae con una pulsera mientras les levantan la cartera, nada más eficaz para obtener bula progresista que exhibir credenciales woke. Quizá habría sido más prudente no precipitarse en la defensa de las travesuras bolivarianas. Pero los partidos han dejado de ser fábricas de principios para convertirse en altavoces de argumentarios tramposos, redactados por chabacanos.

Zapatero ha pedido tiempo, pero parece que lo reclama para ganar margen de defensa. La elección del letrado guarda proporción con la magnitud del problema que se pretende contener. Algo que José Luis Ábalos nunca entendió —y así le ha ido—, pero que el expresidente del Gobierno conoce porque no pocos conocidos han atravesado antes ese territorio. Como Zaplana. Basta observar ciertas coincidencias en testaferros, intermediarios y conseguidores alrededor de ese género tan elástico que son las consultorías de altos vuelos. La última señal está en la estrategia jurídica de cuestionar la obtención de pruebas por falta de autorización judicial o intentar que los indicios queden prescritos por el paso del tiempo.

La condena a Ábalos convierte la doctrina Aldama en una referencia para la colaboración contra la corrupción, y la citación del juez Calama a Julio Martínez fija un nuevo marco para el devenir judicial de Zapatero. Conviene recordar que el eldense conocido como Julito entró en la vida del expresidente de la mano de Zaplana, dentro de un triángulo de amistad al que se suman dirigentes del sector negocios a ambos lados de ese bipartidismo imperfecto que tantas veces ha compartido algo más que discrepancias parlamentarias.

Cuesta creer que en el PSPV nadie supiera nada de esa cordialidad entre Zapatero y Zaplana, porque el socialista ha sido tan explícito en la política valenciana que hasta colocaba conselleras. Por eso, lo relevante no es que Diana Morant le advirtiera de que lo suyo con Ens Uneix se complicaba. Lo significativo es que todavía no haya explicado el origen de esas joyas árabes. Ese silencio lo empuja hacia el territorio de los malditos.

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