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Opinión | Algo personal

València

3 de julio

Han pasado 20 años desde aquel día. Y las 43 personas muertas y las 47 heridas nunca se han ido de mi memoria

Monumento de homenaje a las víctimas del accidente del Metro en València

Monumento de homenaje a las víctimas del accidente del Metro en València / AC

Han pasado 20 años desde aquel día. Era lunes, comenzaba el verano y yo estaba en Cádiz. Unas jornadas sobre Historia y Memoria, no sé si organizadas por la Universidad y en las que participábamos el maestro Julio Aróstegui, Almudena Grandes y yo mismo, imagino que con otros nombres que no recuerdo. Aquel lunes estaba comiendo con Julio y su esposa en el hotel. De repente, una llamada telefónica. Mis amigos Antonio Gómez Rufo y Ana D’Atri, desde Madrid. Que si estaba bien, me preguntaban. Que en València acababan de estrellarse en un túnel los vagones del Metro. Fuimos a la tele. A ver qué contaban. Estábamos los tres hechos polvo. Desde aquel mediodía han pasado veinte años. Y las 43 personas muertas y las 47 heridas nunca se han ido de mi memoria.

La visita del Papa y la RTVV

Las imágenes eran escalofriantes. La chatarra en la oscuridad del túnel en la curva de Jesús, frente a la estación del AVE Joaquín Sorolla. El humo que se mezclaba con el ir y venir de quienes auxiliaban a las víctimas. Unos días después llegaba a València el Papa Benedicto XVI: Canal 9 y Ràdio Nou se volcaron en esa visita y en silenciar el accidente del Metro. Después se supo todo. La corrupción del PP aprovechando la visita papal. Corrupción económica que llenó los bolsillos de varios responsables de RTVV y de algunos políticos y empresarios. Pero hubo otra corrupción mayor: en la cadena autonómica de radio y televisión la censura impuesta por la directora de Canal 9, el director de Ràdio Nou y los Jefes de Informativos de Canal 9 y Ràdio Nou se convirtió en un detestable ejemplo de la infamia periodística. Se sigue hablando de la corrupción económica con motivo de aquella visita del Papa. Pero nadie habla de lo otro, de cómo algunos periodistas se convirtieron esos días en unos periodistas de mierda al servicio del PP en vez de mostrarse como periodistas de verdad. El silencio sicario que condenaba a las víctimas a seguir en la oscuridad del túnel.

Última concentración el 3 de julio de 2015

Última concentración el 3 de julio de 2015 / AC

Familiares de esas víctimas y quienes sobrevivieron a la catástrofe fundaron la AVM3J (Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio). Y decidieron que cada día 3 de todos los meses se concentrarían en la Plaza de la Virgen, delante de la Catedral. La primera vez fue el 3 de noviembre de ese año 2006. Exigían justicia, que los recibiera el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, que se aclararan sin engaños las causas del accidente. Nunca Camps -tan forofo de las misas, de la caridad cristiana y de cultivar como nadie las amistades del alma- abrió la ventana de su despacho para escuchar las voces de la tristeza, de la rabia y el desasosiego. Y eso que su despacho estaba apenas a doscientos metros de la plaza. La Justicia pasaba de hacer justicia: como tantas veces hasta ahora mismo. Así quedaba escrito en la pancarta que se exhibía en todas las concentraciones: «43 muertos+47 heridos=0 Responsables». El calendario nunca se alteraba.

Cada día 3 de todos los meses allí se extendía la pancarta. Detrás los hombres y las mujeres que no entendían de cansancio de ninguna clase. Delante, casi siempre, unas docenas de personas que tampoco se entregaban al abatimiento. Nunca había visto una resistencia igual. Y mira que sé de esas resistencias. No les importaba que algunos días hubiera más gente detrás de la pancarta que delante. Lo único que no les daba igual era que el tiempo pasara y fuera borrando poco a poco la memoria de un día dolorosamente inolvidable.

Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio

Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio / AC

Después del accidente, el PP llegó a ofrecer puestos de trabajo y dinero a las familias de las víctimas para que se callaran, para que aceptaran que el accidente había sido inevitable y que el único responsable era el maquinista del convoy siniestrado. Claro que el accidente era evitable. Y tanto que lo era: sólo se necesitaba que los responsables de Ferrocarriles de la Generalitat se hubieran preocupado del obligado mantenimiento que habría evitado la tragedia. Pero el dinero lo empleaban en otra cosa. Y el frenado no fue posible antes de estallar el horror en los túneles.

Nueve años detrás de la pancarta

La capacidad de resistencia de los hombres y las mujeres de la AVM3J fue ejemplar. Nunca se cansaron de estar en su sitio desde aquel noviembre de 2006 hasta el 3 de julio de 2015. Después de que Jordi Évole dedicara su programa Salvados al accidente del Metro, en la Plaza de la Virgen éramos cinco mil en vez de los de siempre. Hablo del 28 de abril de 2013, fecha de emisión de ese programa televisivo: ¡habían pasado nada menos que siete años desde aquel fatídico 3 de julio de 2006! Muy tarde se llegaba a esa cita, como afirmó el mismo Évole aquellos días. Pero hizo efecto y durante dos años la pancarta a las puertas de la Catedral no se sentiría tan sola como antes. El 3 de marzo de 2020 se volvió a la plaza para celebrar -con una cierta sensación agridulce- la condena de cuatro exdirectivos de Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana por su responsabilidad en la tragedia.

Han pasado veinte años desde entonces. Nunca falté -si mis recuerdos no flojean- a ninguna de las concentraciones delante de la Catedral cada día 3 de todos los meses durante nueve años. Por eso tampoco quería faltar este domingo a esa cita que se hará definitiva el próximo viernes 3 de julio. Una cita con aquella incansable gente a la que conocí y tanto quiero desde entonces, Y también con ustedes en esta columna de todos los domingos. También con ustedes.

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