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Opinión | Día del Orgullo

València

Harto de 'mariconadas'

Manifestación del día del orgullo en València la pasada semana.

Manifestación del día del orgullo en València la pasada semana. / Fernando Bustamante / LEV

"Això és una mariconà". La frase surge directa y fluida, casi sin importancia, en medio de una conversación trivial sobre música en el bar de siempre. El de la banda, el de los viernes -aunque es jueves-, el de las cervezas entre amigos. En ese espacio que es como una segunda casa desde que tengo uso de razón. Y el tiempo se detiene. Avanza durante unos segundos a cámara lenta como en las películas. Me siento interpelado y me remuevo, por dentro y por fuera; sentado incómodo en la silla analizando la situación. La expresión la vocea un septuagenario, en un 'valencià apitxat' del Camp de Túria, con la camisa semiabierta y gesticulando en exceso. Pienso rápido valorando las opciones. Callar y aguantar el golpe (indirecto) como tantas veces. O alzar la voz y corregir el término malsonante y, sobre todo, despectivo, discriminatorio. Opto por esto último -lo hago cada vez más, me he vuelto sensible con la edad, ¡qué cosas!- e interrumpo la conversación que ha avanzado un par de frases. Lo hago con recelo, pero con una fórmula ya ensayada: "Voldràs dir que es una tonteria, no?".

La reacción -espontánea e inesperada- es siempre la misma. Desconcierto en el rostro, un breve silencio, contacto visual con el resto de personas en la misma conversación... Y a los pocos segundos la respuesta verbal: "Es una frase hecha, sin querer ofender". Idéntica a la de las otras veces. Restando importancia al lenguaje, como si este no fuera significativo. No importa la edad, ni el género, ni el contexto. El guion se repite una y otra vez. Una única disculpa me encontré de primeras. Toca, por tanto, volver a responder con un "yo soy maricón y me ofende". La interpelación me sorprende esta vez: "Dirás que eres homosexual". Toca explicar esta vez el porqué de la apropiación del insulto tantas veces repetido. También defender que uno puede educarse a cualquier edad. O ¿a los 40, 50 o 60 hemos de renunciar a evolucionar como seres humanos y adaptarnos a la sociedad de nuestro presente?

No es sencillo, lo sé. El lenguaje coloquial, repetido en miles de conversaciones y oído desde pequeños, es una parte intrínseca de nosotros. No es inmutable, pero sí significativo. Las palabras tienen peso y mensaje. Todas. En este caso, son sinónimo de algo sin importancia, de algo menor, intrascendente. Aunque la expresión no tenga intención de ofender, aunque sea dicha sin pensarla, aunque no sea un insulto directo, aunque... Nos sitúa a los homosexuales por debajo del estatus hetero normativo y patriarcal. Una vez más. Como cuando nos insultaron en el colegio. Fuimos designados inferiores. No por mérito, sino por razón de ser. Por ser como somos. Por nacimiento. "Qué coñazo, ¿verdad?".

Lo curioso es que uno, aunque sea el insultado, abre el debate con miedo a ofender al interpelado; con incomodidad, con temor a convertirse en esos de piel fina. Pero, oiga, no les llame "machirulos" que se ofenden más rápidamente. ¿Recuerdan la pandemia? Entonces circularon por los grupos de wasap pegatinas con un sanitario, enfundado en un EPI midiendo la temperatura con un termómetro láser. Diagnóstico: "Gay". Desternillante. ¿Se imaginan uno al revés: con un 'hetero' como dictamen? También entonces me armé de paciencia para hacer pedagogía.

Su éxito consiste en que uno sea consciente de la maldita expresión cuando la utiliza sin pensar o, en el mejor de los casos, que la rectifique al deslizarla. El lenguaje importa, mucho más de lo que parece; contribuye a construir conceptos. Puede que no tenga importancia para quien la use, pero sí para quien la escucha; más si no se entiende aún a sí mismo, si está en construcción. No está todo hecho ni superado; menos ahora, en pleno ascenso de la ultraderecha con el silencio cómplice de esa derecha tradicional que se hace llamar de Estado. Pese a estos, la pedagogía funciona. En la mayoría de los casos. Quienes repiten la errónea expresión tras mi corrección, se acuerdan de uno. Algo es algo, oigan. Si usted también evoca esta columna en el futuro cuando verbalice 'las mariconadas', será un pequeño triunfo.

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