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Opinión

València

Resistir

Libros en una libreria.

Libros en una libreria.

Suena por el hilo musical el “You Only Live Once” de The Strokes, lo cual me fija a tierra mientras cabeceo sutilmente. Creo que está un poco fuerte pero es que ese paseo se expone a modo de experiencia sensorial. Descubro “La Maleta de Portbou”, la ojeo, me siento pequeño ante la exuberancia intelectual de algunas y algunos. Najat El Hachmi, Marta Peirano, Verónica Nieto. Ellas escriben la nueva democracia. Ellas abren librerías, ellas leen más. María Negroni, Claudia Piñeiro, Leila Guerriero, Annie Ernaux

De Acantilado todo mola. No, todo, no, venga, dejémonos de maximalismos, molan muchas cosas. Los libros encuentran a uno. Juan Malpartida me llama con un silbatazo desde la estantería. “El mundo como ensayo”: “No podemos quedarnos, si queremos comprender más realistamente, con un solo lado, el de la impresión inmediata, la cara que nos ofrece la luna”. La frase me convence para no comprar el libro.

Las estadísticas dicen que los hombres que leemos, que somos menos que las mujeres, buscamos ensayos o autoayuda, que huimos de las novelas, que asociamos a las féminas. No es, personalmente, mi caso, pero entiendo el argumentario, que explica muchos de los males que afectan actualmente a la democracia. Lejos de la literalidad, donde se imagina el futuro y donde yacen la emoción y los sentimientos, también la abstracción y la herencia, muchos no están cómodos. Parece que, entre ellos, entre nosotros, los únicos que imaginan el futuro son los que juegan a la lotería.

Sigo con mi ensoñación entre libros, mientras suenan ahora The Smiths. No pagan el reproductor de música, que escupe publicidad propia y ajena, rompiendo con el ambiente. Entra una chica, sale con un paquete. He estado distraído leyendo y no he deparado en qué recoge. Presupongo que libros. Con la siguiente ya me doy cuenta. En esa librería de referencia, de nombre popular y experiencia de décadas, reparten paquetes de mensajería. Quizá muchos van allí a recoger los libros que han comprado en algunos de esos suministradores digitales que monopolizan el mercado y destruyen los pequeños y medianos comercios (librerías) y las comunidades. Dicen que el futuro de la cultura pasa por la mezcolanza, por aprovechar las nuevas tecnologías y ofrecer experiencias inmersivas. Hay supuestas amistades que son un lastre “¿Pero qué podemos hacer? Resistir es la única forma de sobrevivir”, dice Tía Lidia en The Testaments.

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