Opinión
Santi Campos, coplas a la muerte de su padre
Puede que Santi Campos haya firmado el disco de su vida, o el de la vida de su padre (que habitará para siempre en los surcos)

Santi Campos presentó 'Áprie' en la sala Picnic de Madrid. / FB
Existen obras de arte que necesitan de un contexto para ser comprendidas o apreciadas en su totalidad. En muchas ocasiones ni siquiera basta con eso. El receptor necesita leer el libro, ver la película o escuchar el disco bajo cierto estado anímico o en un momento vital determinado. La experiencia es un grado, desarrolla ciertos sentimientos y te proporciona una serie de herramientas con las que enfrentar la vida y los artefactos culturales que se desprenden de ella. Los entiendes de manera más eficaz y adecuada y te permite conectar mejor con el mensaje del artista. Tampoco digo que seamos incapaces de apreciar una novela, una pieza teatral o una canción por no haber tenido las mismas vivencias que el autor, sino que la adquisición de experiencias comunes nos pueden llevar a sintonizar mejor con su significado.
Es imposible comprender del todo lo que dice Bob Dylan en 'Blood On The Tracks', un álbum sobre la amargura del divorcio, cuando a tus quince años todavía no te han besado ni una sola vez. Y a veces ocurre lo contrario. Leerte con treinta y tantos 'El guardián entre el centeno” te provoca un estado de indiferencia absolutamente injusto con Salinger. Yo mismo confieso que me moriré sin entender de qué coño va el 'Screamadelica' de Primal Scream pero ya les digo que a estas alturas tampoco voy a insistir, aunque me ofrece la siguiente reflexión: cada obra de arte es hija de su tiempo. Y si tienen un Delorean, me avisan.
Santi Campos acaba de publicar un magnífico elepé que se titula ‘Áprie’. Gira en torno a la muerte de su padre, anciano y aquejado de afasia primaria progresiva. Un disco maduro, tranquilo, triste y, en ocasiones, doloroso. Con poco que ofrecer a un adolescente, más allá de su música hermosa y de su poesía cruda pero fascinante. Se trata de un disco para mayores y es impresionante en el sentido etimológico de la palabra: impresiona, deja una huella, marca profundamente el ánimo del oyente. El músico segoviano, castellonense de adopción y veterano de 'Malconsejo', 'Amigos Imaginarios' o 'Back To The Hills', lo ha sacado en vinilo y en cedé a través de Rock Indiana/Hanky Panky Records a todo lujo, con una carpeta interior en la que explica la génesis del álbum y reproduce las letras de las canciones.
Diez coplas elegantes, sentidas, sinceras hasta la incomodidad, bonitas, estupendamente bien escritas, elegíacas, con las palabras escogidas con el corazón en la mano y metáforas valientes y con pegada. En su estilo de cantautor electroacústico, que salpica con pop sus textos inteligentes, con baterías y percusiones, con teclados que adornan sus guitarras limpias y efectos ligeros que enfatizan sus melodías fluidas. Y luego está su voz, profunda, serena, narrativa, con momentos de expresividad brillante como en “Actores secundarios”.
Campos ajusta cuentas con su padre, pero también con él mismo, con la siempre complicada relación paternofilial. Y ambos salen muy bien parados. Percibimos amor, comprensión, respeto, aceptación y reconocimiento. También alivio, pérdida y remordimiento. La manera en la que expone la intimidad de esa relación llena de silencios es tan descarnada que inquieta a los más pudorosos, pero es justo por eso por lo que el disco es un regalo para todos los padres que tenemos hijos, y para los hijos que todavía tenemos padres. Santi habla por todos nosotros en las monumentales 'Amor destartalado' y 'El hijo', con más o menos referencias comunes, pero con una humanidad y una belleza que te no te deja otra cosa que no sea agradecimiento después de las muchas escuchas que se merece.
Un abrazo de media hora, cálido, acogedor. Ahí queda la ternura que desprende la confesional 'El rey desnudo', las miradas silenciosas pero comunicativas de 'Los aviones de Panamarenko', el folk rítmico de 'Gigantes melancólicos', la revisión de la paternidad a ritmo de vals en la majestuosa 'Lo imposible', la pureza instrumental de 'Mi deseo' para exigir una ley para que cada uno decida el final de su propia existencia sin hipocresías morales o religiosas.
Puede que Santi Campos haya firmado el disco de su vida, o el de la vida de su padre (que habitará para siempre en los surcos), y lo ha hecho elevando a la categoría de arte cuestiones tan mundanas que suceden en todas familias, sobre todo a ciertas edades. Y por eso ‘Áprie’ es un trabajo que dignifica la especie humana.
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