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Opinión | Bombeja Agustinet!

València

¿Club o selección? ¿Patriotismo o exotismo?

La inmensa mayoría de los 32 clasificados en el Mundial no vencerían casi nunca a escuadras de media tabla de las cinco grandes ligas

El canadiense Liam Millar y el sudafricano Khuliso Mudau pelean por un balón durante el partido de dieciseisavos del Mundial.

El canadiense Liam Millar y el sudafricano Khuliso Mudau pelean por un balón durante el partido de dieciseisavos del Mundial. / Europa Press

En la fase de grupos del Mundial, todos hemos visto partidos infumables, incluso con algún contendiente que ha pasado a dieciseisavos de final, con equipos que parece imposible que den tres pases seguidos con criterio o que podrían jugar durante días sin marcar un gol. Voy más lejos: la inmensa mayoría de los 32 clasificados no vencerían casi nunca a escuadras de media tabla de las cinco grandes ligas.

He afirmado muchas veces que, como en la clásica pintada, no me gusta el fútbol… me gusta el Llevant. Es decir: no me gusta tanto como para dedicarle más tiempo libre del que ya empleo en sentir y seguir intensamente a mi equipo.

No es el caso de mis hijos, sobre todo los pequeños, que viven obsesionados, con lo cual he visto algo del Mundial y me ha parecido tedioso, aburrido y con escasos recursos, en líneas generales. ¿Cómo es posible, si se supone que están los mejores? El Llevant de Luís Castro, con su más que meritoria permanencia, llegaría a cuartos, como mínimo. Quizá incluso a semifinales. Y Carlos Espí sería titular en más de la mitad de las selecciones que siguen vivas.

Por motivos obvios, el fútbol de clubs es más competitivo: los entrenadores tienen más influencia sobre sus futbolistas, las plantillas están mejor preparadas física y tácticamente, el factor campo es más intenso… ¡Pero si están los mejores! En realidad, los mejores no lo son tanto si los sacan de un equipo y de un cuerpo técnico que permita mejorar sus virtudes. Y eso requiere capacidad y también tiempo.

La coralidad del fútbol le otorga su grandeza y en el trabajo conjunto del 'team' estriba su capacidad competitiva, algo prácticamente imposible de conseguir en estos combinados efímeros. El éxito del Mundial obedece a su repercusión desmesurada y planetaria, y a que es una forma de ingenua exaltación patriótica para muchos, y un espectáculo exótico para otros.

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