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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Patrimonio sin coartadas

Alaquàs compra el convento de la Puríssima y Xàtiva anuncia las obras del CRAC, pero la cultura solo existe cuando los edificios abren y los legados llegan a la gente

Figuración de la reforma del Centre Raimon en el convento de Santa Clara en Xàtiva.

Figuración de la reforma del Centre Raimon en el convento de Santa Clara en Xàtiva. / Levante-EMV

La compra del convento de la Puríssima por parte de Alaquàs y el retraso de las obras del Centre Raimon d’Activitats Culturals (CRAC) de Xàtiva señalan que la custodia del patrimonio suele convertirse en una larga espera mientras los edificios siguen vacíos y cerrados.

Alaquàs ha dado un paso con la adquisición de su popular convento, pero a esa titularidad municipal deben unirse proyecto, contenido, gestión y apertura. Xàtiva conoce bien ese riesgo. El CRAC tiene como uno de sus fines que el exconvento de Santa Clara acoja parte del legado que Raimon y Annalisa Corti anunciaron que dejarían a la capital de la Costera. Hablamos de arte, libros, documentos y memoria al servicio de la gente. A sus 85 años, desde Xàbia, donde pasa el verano con Annalisa, el cantautor sigue las noticias sobre el proyecto y resume la situación con esa frase que debería incomodar a todos: “Hasta que no lo vea no lo creo”. No hay que añadir mucho más. Cuando una persona que entrega parte de su vida cultural a su ciudad duda de que esta cumpla su palabra, tenemos un problema.

El inicio de las obras del CRAC se anuncia para dentro de dos meses. Bien. Pero, más que anuncios, sirven los contratos, los plazos, las certificaciones, las obras terminadas y las puertas abiertas. Raimon, escéptico, no sabe si acudirá, porque dice que ya no va a muchos sitios, por las dolencias y edad. Los expedientes se alargan sin atender a las vidas.

En Xàtiva también hubo recelos desde la Generalitat, que parecen superados, pero que nadie los use como excusa. La prioridad no es quién capitaliza el proyecto, sino que el legado llegue a la gente. Raimon ha repetido hasta la saciedad que quiere que esas obras de arte y esos libros puedan ser disfrutados por quienes quizá nunca accederían a ellos.

Alaquàs y Xàtiva tienen la obligación de demostrar que el patrimonio no es un decorado. Un convento comprado no es una política cultural, porque la cultura no necesita ceremonias. Necesita llaves, obras, horarios y responsabilidad. Raimon y Annalisa ya han hecho su parte. Ahora les toca a las instituciones. Sin demora. Sin coartadas.

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