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Opinión | Opinión

¿Tú también, Pedro?

Eras tú la ‘piedra’ sobre la que edificar nuestra ‘Iglesia’. Pero no, tenías otros planes. Qué dolor, Pedro, qué dolor.

Pedro Martínez durante la celebración del título de Liga ACB el pasado jueves 25 en el Roig Arena

Pedro Martínez durante la celebración del título de Liga ACB el pasado jueves 25 en el Roig Arena / Valencia Basket

Qué dolor, Pedro, qué dolor. Esa es la sensación. Ni rabia ni indignación, dolor. Y no tanto por tu marcha, que eres un profesional del baloncesto, y bien te has ganado el poder elegir. Sino por lo que representabas. Eras un referente moral dentro de un deporte de alto nivel cada vez más comercial y carente de escrúpulos con el aficionado. Eras para mí prácticamente un reducto casi único. Ya sé que es mi culpa. Nadie tiene por qué asumir esa responsabilidad que te había otorgado. Pero no puedo evitar tener la sensación de haberme quedado completamente huérfano en el plano deportivo.

Y no es solo tu marcha la que genera el dolor. Se ha dicho mucho que en la gran temporada del Valencia Basket de este año importaba incluso más el ‘cómo’ se ha conseguido que el ‘qué’. Ese juego brillante, que ha llegado a ser calificado como el más divertido de Europa, ya había sido premiado por el pueblo incluso sin el título de la Liga Endesa. Curioso es que en tu salida del club taronja sea también el ‘cómo’ más importante que el ‘qué’.

«Habrá cambios porque la vida es cambio. Algunos jugadores se irán pero lo importante es mantener una filosofía y seguir juntos y creer en lo que hacemos». Ese fue tu parlamento en el Roig Arena en la fiesta de celebración del título liguero el pasado jueves. Hace apenas unos días. Ya habíamos asumido las marchas de Jean Montero, Braxton Key y Sergio de Larrea. Incluso nos hacíamos a la idea de Brancou Badio y Jaime Pradilla. Todas ellas preocupaban, pero había algo a lo que agarrarse. Eras tú. La ‘piedra’ sobre la que edificar nuestra ‘Iglesia’. Tu equipo técnico y tú erais los cimientos sobre los que el aficionado -o al menos yo- habían depositado sus esperanzas de futuro. Pero no, tenías otros planes. Y, lo siento, pero has fallado a tu palabra. «Lo importante es seguir juntos y creer en lo que hacemos». Ahora, a toro pasado, la sensación es que nos estabas engañando, porque, dada tu decisión final, no creías en lo que supuestamente nos estabas diciendo.

Y si bien relevante ha sido el ‘cómo’ también lo es el ‘adónde’. Al Real Madrid, al ahora mismo rival directo -algo que durante tantos años se ha deseado y no se lograba-. Recuerdo en mi infancia el dolor futbolístico que me generó el fichaje de Pedja Mijatovic por el club blanco. Odié al montenegrino. Con el paso de los años lo perdoné y lo entendí. Igual que ahora, en el fondo, te entiendo a ti. A ti no te odio, me dueles.

Te vas, dicen desde el club, porque querías ir a un ‘grande’ para intentar ganar la Euroliga, esa con la que nos has hecho soñar en València. Puede que lo consigas. Eres un fenómeno y te darán lo que estimes. Pero te recuerdo que aquí eras reverenciado, y allí, en Madrid -pásate por las redes y lo verás- muchos te califican de ‘antimadridista’, ‘rojo’ e ‘indepe’. Un pecado para muchos de ellos, que incluso hablan de no renovar abonos. Los pitidos te llegarán, ya no si pierdes en Lugo o Lleida, sino si caes en Euroliga en Múnich o Bolonia. Y algún ego de vestuario ya te espera bien ‘subidito’.

En fin, gracias, Pedro, por tu dedicación y tu profesionalidad, pero no me pidas que te desee suerte ni éxitos. Te veremos en el Roig Arena.

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