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Opinión

Daniel Beunza

Daniel Beunza

Catedrático en la Universidad de la Ciudad de Londres y colaborador con el centro Ingenio (CSIC–UPV) en València.

El 'super' popular de Alfafar y un nuevo encaje entre lo público y lo social

La experiencia de la reconstrucción, en definitiva, sugiere que administración y colectivos sociales difícilmente podrán actuar de forma aislada. La clave es encontrar la fórmula que permita combinar el músculo administrativo con el encaje local de lo cívico

La plataforma SOS Parke se manifiesta por los impagos a los centros de día.

La plataforma SOS Parke se manifiesta por los impagos a los centros de día. / Sara García

¿Debe cerrarse un supermercado popular que reparte alimentos a doscientas familias? La pregunta divide hoy al municipio valenciano de Alfafar. Sin embargo, detrás de esta disputa aparentemente local se esconde una cuestión mucho más amplia: cómo organizar la resiliencia social frente a futuros desastres.

La disputa de Alfafar, que ha ocupado páginas de prensa local y redes sociales, se centra en el incierto futuro del 'Supermercado popular', un centro de donación de alimentos. Este fue abierto sin licencia tras la dana en un local municipal del barrio de Parque Alcosa. El ayuntamiento ha anunciado recientemente su intención de cerrarlo, pero numerosos activistas locales disputan la decisión, exigiendo que se mantenga abierto. La última reunión, que llegó a involucrar a profesores y representantes de la Universitat de València, acabó en desencuentro.

¿Por qué cerrar una actividad que ayuda a desfavorecidos? El Aauntamiento del PP manifiesta su temor de que los repartos de comida evoquen las “colas del hambre” que ensombrecieron la posguerra española. Si bien Parque Alcosa fue castigado por la drogadicción y el desempleo en los ochenta, actualmente constituye para muchos un lugar atractivo para vivir. Las colas de reparto, teme el consistorio, podrían estigmatizar Parque Alcosa, atrapando a sus habitantes en una obsoleta identidad marginal.

Por su parte, los activistas discrepan de estas razones. El foco no deberían ser las colas, sino el hambre. Que doscientas familias sigan necesitando acudir al reparto de comida revela que, tras la dana, aún quedan personas obligadas a elegir entre pagar el alquiler o comer. Además, a otras asociaciones como Cáritas sí se les permite el reparto de comida.

Pero la disputa del 'super' no tiene tanto que ver con los alimentos como con el interrogante político que se ha abierto tras la dana: en un contexto de inundaciones, incendios, apagones y accidentes ferroviarios, ¿cómo reorganizar la sociedad española para la resiliencia?

Hasta la dana, la respuesta a esa pregunta estaba clara: la administración responde. El Estado del bienestar está de hecho muy presente en Alfafar a través de su ayuntamiento. Tras la crisis financiera de hace una década, las responsables del área de Servicios Sociales de Alfafar trabajaron con el Sareb para evitar desahucios. Contra viento y marea, sus líderes estuvieron presentes en el territorio inmediatamente después de la dana.

Pero el equipo municipal fue también víctima de la inundación. Las instalaciones de Servicios Sociales quedaron inservibles. En los primeros días tras la inundación, los servicios básicos quedaron gravemente interrumpidos y la capacidad institucional resultó claramente insuficiente. El propio alcalde denunció en la prensa que "se han olvidado de Alfafar," en referencia a la ausencia de bomberos, UME, o Guardia Civil.

La respuesta a este vacío institucional es por todos sabida. Voluntarios de toda Valencia y España enviaron comida, ropa y ayuda a la zona cero de la dana, haciendo suya la frase de "solo el pueblo salva al pueblo."

Menos sabido es que hace falta organización para recibir donaciones y estructurar la ayuda. En Parque Alcosa, dicha logística la aportó una entidad social, la Koordinadora de Kolectivos del Parke (la k es intencional). Voluntarios y activistas dicho grupo forzaron la tela metálica de un local municipal que llevaba años vacío para poder almacenar y repartir donaciones, dando lugar al 'super'.

En el año y medio que lleva abierto, el 'super' se ha configurado como un modelo alternativo de respuesta social. Los voluntarios son a su vez usuarios y vecinos, borrando así la problemática distinción entre proveedores y receptores de asistencia social. Por ejemplo, una voluntaria, Inma (nombre ficticio), me enseñó durante una de mis visitas un mensaje de una madre que solicitaba dos colchones. Pero, además, a Inma trabajar en el 'super' le ayuda a superar una reciente tragedia familiar. Lo mismo le sucede a Nieves, cuyo domicilio en planta baja quedó arrasado tras la dana. En definitiva, la ayuda no circula únicamente en una dirección. Quienes reciben apoyo participan también en su organización.

Lejos de ser inusual, el formato organizativo del 'super' -- el llamado "proyecto comunitario" -- es una respuesta cada vez más frecuente a las limitaciones del Estado del bienestar. Grupos de vecinos deciden juntarse para hacer frente a un problema social, sin esperar al Estado.

Varios estudios sociológicos, en especial los de Daniel Aldrich, han identificado la "resiliencia comunitaria" como el mejor predictor de supervivencia frente a desastres. En España, Alberto Corsín Jiménez ha observado que la donación de alimentos en el sur de Madrid creó redes asistenciales que luego salvaron vidas durante la pandemia.

Así, el conflicto del 'super' de Alfafar se puede leer como una disputa más amplia entre modelos rivales de organizar la resiliencia: el público y el social.

Pero tras año y medio de reconstrucción, esta disyuntiva está demostrando ser falsa. Las redes comunitarias no sustituyen al Estado cuando llega la fase de reconstrucción material y administrativa. La reconstrucción exige millones de dinero público, infraestructuras (ya sean verdes o de hormigón), y decretos ley. En este contexto, la población afectada por la dana se ha organizado en Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción, pero su exigencia de participar se está viendo frustrada frente a administraciones ya de por sí superadas en el reto de coordinar los niveles estatal, regional y local.

La experiencia de la reconstrucción, en definitiva, sugiere que administración y colectivos sociales difícilmente podrán actuar de forma aislada. La clave es encontrar la fórmula que permita combinar el músculo administrativo con el encaje local de lo cívico. Desde Paiporta a Catarroja, pasando por Alfafar y Massanassa, los municipios de la Zona Cero de la dana son hoy un laboratorio de experimentación social en búsqueda de respuestas. El desenlace del conflicto del 'super' aportará pistas clave sobre qué fórmulas -- si las hay -- son posibles para resolver un dilema que no sólo afecta a Valencia sino a toda España.

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