Opinión | Bolos
Veinte años después
La falta de empatía con los familiares de las víctimas de tragedias colectivas, como la del accidente del metro de València, sigue siendo una asignatura pendiente

La boca de metro de la estación Jesús tras el accidente. / Levante-EMV
Hoy todos recordamos dónde y con quién estábamos hace veinte años cuando llegaban las primeras noticias del trágico accidente del metro. El 3 de julio de 2006 es una de nuestras fechas negras, como las hubo antes y desgraciadamente después. El destino quiso que aquel día estuviera comiendo cerca de Mestalla con un amigo que ejercía de juez fuera de València y que siempre me orienta bien cuando necesito alguna explicación en asuntos judiciales. El sonido incesante de las sirenas por la avenida de Aragón advertía ya de la magnitud de la catástrofe cuando regresaba al periódico. Se suponía que de todo lo que vino después, mucho y vergonzante, habíamos aprendido al menos esa lección de que, ante la magnitud de los desastres colectivos, los familiares de las víctimas deben estar siempre en el centro de cualquier acción de reparación. Pero no. Porque hace tan solo veinte meses volvió a ocurrir lo mismo. El luto también marca el 29 de octubre de 2024.
En ambos casos, la falta de empatía con quienes sufrieron la pérdida de sus seres queridos acabó saldándose con la dimisión de los dos presidents de la Generalitat que estaban el día de autos, aunque Francisco Camps lo hiciera cinco años después del accidente y por casos de corrupción. Por cierto, quien entonces hizo dejación de la honorabilidad del cargo, y hoy se presenta como adalid de la transparencia democrática, podría hacerse el favor de aprovechar este aniversario para pedir perdón y contar por qué su Consell nos sonrojó tanto.
Sabemos que las nuevas urgencias aparcan la memoria. Pero lo que sigue siendo imperdonable es la deshumanización de los obligados a salvaguardar el bienestar común. La cuestionable actuación de aquel Consell, más pendiente de la visita vaticana días después, contó con muchos cómplices. Entre ellos, los responsables de aquella televisión pública, algunos todavía en activo y capaces de impartir lecciones de ética periodística. Y hablando del oficio, Levante-EMV hizo de aquella fecha una investigación rigurosa en busca de la verdad. La misma exigencia que mantuvo con la dana. Sin embargo, la tentación de no asumir responsabilidades continúa. Hoy estrenamos el tercer y último episodio del videopodcast Bajo tierra: el accidente del metro de València. Un monolito de periodismo.
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