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Opinión | Traspapelado

Sorolla, el arte, la cultura y muchas comillas

Visitantes viendo La siesta de Sorolla en la Fundación Bancaja

Visitantes viendo La siesta de Sorolla en la Fundación Bancaja / Levante-EMV

Este no es otro artículo contra Sorolla. No. Básicamente porque él ha demostrado que puede con todo. Ha podido con las miradas por encima del hombro de sus colegas coetáneos y de la intelectualidad del 98, ha superado el olvido de las vanguardias y las abstracciones, y ha pasado por encima del cuestionamiento de la cultureta sabia e hipermoderna. Él sigue permitiéndose abrir hoy, 103 años después de su muerte, suplementos semanales de la prensa generalista española.

Este es un artículo sobre cuando ‘el arte’ (así, entre comillas, para subrayar su carácter de oficial y simple e inanemente bello) es llamado a la palestra para esquivar ‘la cultura’ (así, entre comillas, para remarcar su componente crítico, contra corriente y de cuestionamiento del entorno biempensante).

Este es un artículo sobre la operación que se vive en el MuVIM cuando cumple 25 años y que devuelve al extraño museo de la diputación provincial a las dudas y los debates de sus orígenes. A la ausencia de una identidad que un cuarto de siglo después es la principal seña de identidad del poderoso edificio de Vázquez Consuegra. El último giro al proyecto dictado por los gestores políticos es que el grueso del aparato expositivo lo ocupen los largos fondos del patrimonio de la corporación. De ahí, la referencia inicial a Sorolla, porque lo más conocido de ese material almacenado es la obra de los artistas valencianos del periodo de entresiglos, la mayoría de los cuales gozaron de becas para formarse en Roma y París y estaban obligados como contraprestración a entregar obra realizada a la institución. Ahí están todos los grandes de la época, empezando por Sorolla y siguiendo por Pinazo, Benlliure y demás. Hay buenas piezas, ya exhibidas en ocasiones, pero hay también mucha ‘academia’, mucha obra de formación. La institución hoy prefiere abrazar ‘el arte’ (así, con todas las comillas). Es una opción, pero no se escapa también que es una forma de evitar líos, los que pueden surgir cuando se abren puertas a propuestas comprometedoras y críticas, como las que llevaron a la dimisión hace años a Román de la Calle por no aceptar censuras impuestas.

Este no es un artículo para decir que todo lo que se ha hecho en los últimos ha sido ‘cultura’ (así, con comillas). Ni mucho menos. Ese museo lleva tiempo entre vacilaciones y propuestas heterogéneas, con aciertos (algunas) e ideas extravagantes difíciles de entender.

Este es un artículo para subrayar el difícil espacio en el que queda el MuVIM, de nuevo entre dos aguas en València, entre el IVAM y el Museo de Bellas Artes. Este último es el que muestra la mejor colección de ese periodo tan fértil del arte valenciano en torno al tiempo de Sorolla. De nuevo, vuelve a resaltar que lo que prima es qué institución posee las obras y no el visitante. ¿Por qué ha de hacer un tour de museos públicos para ver lo mejor del arte antiguo o contemporáneo valenciano? El MuVIM tiene un sentido para exposiciones de reflexión, de autor, para repensar la modernidad y esta sociedad hija de la Ilustración (a saber hasta cuándo), pero queda en ese espacio difuso (y rancio) si se queda en la pinacoteca de la diputación provincial.

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