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Opinión

València

Pido perdón a los creadores de contenido

Ganadores de los Premios Laik

Ganadores de los Premios Laik / F. Calabuig

Durante mucho tiempo miré con cierto escepticismo a los creadores de contenido. Confieso que llegué a pensar que grabar un vídeo, publicar una fotografía o compartir una historia en redes sociales era algo sencillo, casi improvisado. Que bastaba con ‘publicar’ y esperar los ‘me gusta’. Hoy creo que estaba equivocada. Y por eso, pido perdón.

He comprendido, tras asistir a la entrega de los Premios Laik que organiza Levante-EMV, que detrás de cada publicación hay mucho más de lo que vemos en la pantalla. Hay horas de planificación, documentación, escritura de guiones, grabación, edición, diseño, corrección y estrategia de mercado. Hay pruebas que no funcionan, ideas que se descartan, jornadas interminables y una búsqueda constante por ofrecer algo que entretenga, informe o emocione porque la oferta es casi infinita y no todo funciona.

Un trabajo, en la mayor parte de los casos, compartido porque detrás de un creador de contenido suele haber ‘compañeros de trabajo y vida’ cuyo esfuerzo pasa desapercibido . Y son ellos quienes convierten una idea en un contenido cuidado y de calidad.

También he entendido, tras escuchar Nerea Martí (@nereamarti32); Elisa Escorihuela ( @eliescorihuela); Nuria Adraos (@nuria.adraos.makeup); Enjoy by Ana (@enjoybyana); Cristian Delgado (@cristiandelgadofdez); Jajajers, Alexis y Jorge, (@jajajers); Roque Star ( @soyroquestar ); Benja Serra (@benjaserra); y Aitana Soriano (@aitanaasoriano) que crear contenido significa asumir una enorme exposición pública y aguantar muchas críticas .

Vivimos un cambio de época, debemos aceptarla y convivir con ella. Los influencers no son un fenómeno pasajero. Pero aceptar esta realidad no significa renunciar al pensamiento crítico ni considerar que todo el contenido tiene el mismo valor. Como ocurre en cualquier profesión, hay trabajos excelentes, otros mejorables y algunos prescindibles.

Por eso hoy cambio de opinión. Porque reconocer el valor del trabajo ajeno también es una forma de crecer. Y porque las nuevas formas de comunicación no deben combatirse por el simple hecho de ser nuevas. Deben entenderse, analizarse y, cuando están hechas con rigor y talento, valorarse como merecen.

Así que sí, pido perdón a los que durante años no supe apreciar. A quienes dedican tiempo, esfuerzo y pasión para contar historias que informan, inspiran o simplemente consiguen hacernos sonreír.

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