Opinión | Bolos
València necesita su Passeig Jaume I
El nuevo eje del sur exige ambición urbana, movilidad real y la solemnidad de un nombre a la altura de la ciudad

Una figuración de como será el nuevo paseo con la figura del rey Jaume I / ChatGPT
El día que dejemos de pensar en pequeño nos irá mejor. Y eso que siempre me gustó aquella campaña del Levante UD que, para captar abonados, llenó València con un lema memorable: “Qué grande es ser pequeño”. Pero las ciudades de verdad sobreviven al marketing, incluso cuando lo padecen. Ya ocurrió con la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar, tal como estaba proyectada. Una alcaldesa intransigente, Rita Barberá, y la deriva activista de la izquierda privaron al Cap i Casal de una salida natural a la playa desde la centralidad urbana. Barberá nos dejó entonces sin defensa posible a quienes nos manifestamos por escrito a favor de aquel paseo al mar, como su propio nombre indicaba.
El urbanismo civilizado necesita debates contrastados. Y eso es precisamente lo que reclama el nuevo eje que quedará liberado por el soterramiento de las vías de entrada a la Estació del Nord y Joaquín Sorolla. El conocido como “corredor verde” del alcalde Ribó, ahora rebautizado como futuro paseo García Lorca, transcurre desde el entorno del Parc Central hacia el sur, por el actual corredor ferroviario del bulevar Federico García Lorca. Está llamado a conectar el centro con el futuro desarrollo de Vara de Quart y el nuevo cauce del Turia. Es un plan necesario para coser de una vez los barrios del sur —La Raiosa, Malilla y Favara—, separados históricamente por las vías. También será un nuevo acceso desde el centro. Es decir, otra ocasión única para alcanzar grandes consensos.
Sin embargo, ha sido presentarlo la alcaldesa Catalá y empezar la mascletà. Como siempre, con más petardos que argumentos, en este caso por parte del PSPV y Compromís. La diferencia sustancial está en que el modelo anterior del “corredor verde” planteaba un eje sin tráfico rodado continuo, mientras que el actual paseo García Lorca incorpora una gran zona verde, peatonal y ciclista, pero también viario en sentido sur: dos carriles para vehículo privado y uno para transporte público. En principio, parece técnicamente razonable. Esa zona no será como el actual Jardín del Turia. En ese eje están proyectadas más de 8.000 viviendas, con sus correspondientes aparcamientos y más de 15.000 residentes. A la oposición municipal le parece mal, al parecer, que esos nuevos vecinos puedan acceder a sus casas por el garaje. O incluso en autobús público.
Soy tremendamente respetuoso con los distintos modelos urbanos, siempre que partan de la realidad y busquen mejorar el bienestar de la gente. Pero condicionar la movilidad cotidiana de quienes vivirán allí no parece muy progresista. Sobre todo, porque una de las principales razones del declive residencial en Ciutat Vella ha sido, precisamente, la dificultad de muchos vecinos mayores o con movilidad reducida para desenvolverse con normalidad.
Contra la ciudad-virtual
A Compromís y al PSPV les asiste todo el derecho a estar en contra de un proyecto que, por otra parte, contaría sin escándalo con el aval de concejales homologables en Barcelona, Sevilla, Bilbao o Vigo. También es discutible imponer un modelo único de ciudad-bicicleta. La bici es, sin duda, el transporte más saludable en una ciudad como València, pero deja de ser útil con la edad. Y todos los indicadores demográficos apuntan en la dirección que la longevidad debe ser tenida en cuenta. Por si alguien lo ha olvidado, además, los mayores son quienes siempre van a las urnas.
Se supone que el modelo del PSPV y Compromís es sustancialmente distinto, pero no acaba de apreciarse. Así que quizá podrían ir pensando en una lista conjunta, una iniciativa de la que ya se habla —y se negocia— en otras comarcas.
Cambio de nombre
Aclarado que el proyecto de Catalá para el paseo García Lorca es correcto, creo también que esta es una oportunidad para dotar al nuevo eje urbano de una mayor solemnidad. No tengo nada contra el poeta, todo lo contrario. Federico García Lorca es una de las voces fundamentales de la literatura universal. Precisamente por eso, y coincidiendo con el centenario de la Generación del 27, convendría buscar una fórmula más ambiciosa para vincular su nombre a València.
Ese nuevo paseo debería rebautizarse como Passeig Jaume I, como ya han apuntado varios de nuestros lectores. El fundador del Reino merece que su Cap i Casal dé su nombre a un gran bulevar urbano. Sería, además, una forma de reparar la afrenta de que todavía figure en el nomenclátor de la ciudad asociado a un callejón indigno e insalubre.
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