Opinión
Volviendo con la lengua
Algo pasa en la sociedad valenciana incapaz de asumir los acuerdos que, en el pasado, superaron diferencias que ahora por un acento, agudo o grave, se mantienen

Imagen de archivo de un pleno del Consell Valencià de Cultura (CVC). / L-EMV
En el mes de junio de 1975, hace más de 50 años, el Cardenal Arzobispo de Madrid-Alcalá, académico de número de la Real Academia Española, Vicente Enrique y Tarancón, firmaba, según sus propias palabras, con mucho gusto, el documento presentado por sus compañeros de Academia, en favor de la lengua de los valencianos, sin tener ningún inconveniente en que se hiciera público su testimonio.
El manifiesto fue igualmente firmado por el resto de académicos valencianos de las Academias de la Lengua y de la Historia, José Antonio Maravall de Xàtiva, Rafael Lapesa de València, y Manuel Alvar de Benicarló. Y también significativas personalidades, tales como, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Fernando Lázaro Carreter, Miguel Delibes, Salvador de Madariaga, José Mª Pemán o Camilo José Cela, entre otras.
Se trataba de un escrito sobre la lengua hablada en la mayor parte de las tierras valencianas, expresando el acuerdo de todos los especialistas en lenguas románicas, de defender la unidad de la lengua hablada, en las Islas Baleares, Cataluña, la parte oriental de Aragón, el Principado de Andorra, la ciudad de l´Alguer en Cerdeña, y la mayor parte del territorio valenciano.
Era el modo de expresar de manera concisa y clara una verdad académica que durante años venía siendo cuestionada, distorsionando la relación pacífica entre los ciudadanos valencianos y al mismo tiempo perjudicando la utilización de la lengua. Lo que de manera sencilla y expresiva, estimulaba el poema de Vicent Andrés Estellés, al finalizar con los conocidos versos: «Asumiràs la veu d´un poble, serà la veu del teu poble, i seràs per a sempre poble».
Hoy, el Consell Valencià de Cultura, y más concretamente la Acadèmia Valenciana de la Llengua, deben recoger las aspiraciones históricas de los valencianos e impulsar la normalización de la lengua. Hace ya 25 años, 12 de julio de 2001, celebraba la consecución de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, con un artículo titulado 'Academia operativa', como punto de referencia para la recuperación de nuestra lengua, considerando que su puesta en funcionamiento, de manera consensuada, tras el acuerdo político entre Eduardo Zaplana y Joan Ignasi Pla, y la firma de Alejandro Font de Mora con Ximo Puig, permitiría zanjar, de forma definitiva, un conflicto interesadamente mantenido, que lastraba nuestra sociedad, no sólo en temas lingüísticos sino globalmente culturales, y económicos.
Pensaba que, tras el pacto político PSPV-PPCV, el tema de la lengua no suscitaría más controversia. Que la calma se impondría, y la sociedad admitiría como bueno lo que sus dirigentes habían consensuado en favor de la mejora de nuestra lengua, que en Benimaclet, mi pueblo materno, el maestro Carles Salvador, enseñaba. Que el apoyo mayoritario de todos quienes la estimamos, acabaría por prevalecer, con un pacto que contribuiría a la supervivencia de nuestra lengua.
Cómo es posible que 94 años más tarde de la firma de las Normes Ortogràfiques de Castelló (1932) para hacer crecer el prestigio social de nuestra lengua, adaptada a las particularidades valencianas, y 63 años de la edición del Diccionari català-valencià-balear (1963), presentado en el Ayuntamiento de Valencia, que recoge todo el caudal léxico de nuestra lengua, respetando la denominación de la misma según el lugar donde se habla, volvamos a estar en las mismas.
Algo pasa en la sociedad valenciana incapaz de asumir los acuerdos que, en el pasado, superaron diferencias que ahora por un acento, agudo o grave, se mantienen. Confiemos que, por esta vez, la sensatez se imponga, y con el trellat, que por aquel entonces se reclamaba, se llegue al entendimiento, expresando con suficiente claridad que la denominación 'valenciano' debe ser usada, formando parte del sistema lingüístico de los distintos territorios que comparten el patrimonio común de la lengua.
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