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Opinión

José Miguel Martínez Castelló

José Miguel Martínez Castelló

Doctor en Filosofía y profesor de bachillerato de filosofía, psicología y religión en el Patronato de la Juventud Obrera de Valencia (PJO)

València

Pedro Sánchez y las dos caras de la verdad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,en una imagen de archivo en La Moncloa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,en una imagen de archivo en La Moncloa. / Jesús Hellín - Europa Press - Archivo

Las lecciones que estamos aprendiendo en esta legislatura son incontables. Cuando pasen algunos años, podremos analizar, negro sobre blanco, el nivel de las creencias de toda una sociedad civil que está aguantando carros y carretas ante una teatralización única de la clase política. Una de sus máxima expresiones la encontramos en las sorpresas supinas que unos y otros han mostrado por esa presunta doble vida de Zapatero. Cuántos golpes de pecho se han dado desde un buenismo político que no daba crédito a las informaciones que han acabado en un imputación e investigación que puede hacer caer a un Gobierno a partir de una supuesta estrategia aldamiana por parte de Julio Martínez ante el juez Calama. Si nos paramos a pensar, unos y otros nos están poniendo a prueba porque están mostrando un rostro doble de la verdad.

Estas semanas, por casualidad, he vuelto a ver la película Las dos caras de la verdad. Un Richard Gere inconmensurable interpreta el papel de un abogado que defiende a un joven al que se le acusa de matar al arzobispo de Chicago. Es un caso perdido por la claridad de los hechos. Sin embargo, Gere se da cuenta que su cliente padece un trastorno de identidad disociativo causado por años de abuso físico por parte del padre y del mismo arzobispo. En el juicio demuestra que el asesinato lo lleva a cabo esa personalidad escondida que aparece con tanta virulencia que después no recuerda cuando vuelve a su estado normal. Al final es declarado inocente, pero averigua, posteriormente, que toda ha sido un montaje por parte de su cliente y que ha engañado a todo el mundo.

La película es una descripción al dictado de la política española y una radiografía exacta de algunas de sus señorías, especialmente de Pedro Sánchez. ¿Qué diría el Pedro Sánchez del 2018 al Pedro Sánchez del 2026? ¿Cómo es posible que afirme sin rubor alguno que Ábalos actuó de forma individual cuando fue su número 2 y secretario de organización del partido y acaba de ser condenado a 24 años? Recordemos ese 31 de mayo de 2018, cuando Ábalos afirmó rotundamente en su discurso de la moción de censura a Rajoy: “Una vez conocida la sentencia, ya no hay suposiciones, sino certezas, la certeza jurídica”. Estas palabras no sólo sirven para el exministro valenciano, sino, sobre todo, para Pedro Sánchez que no se enteró, presuntamente, de nada. La contundencia moral, política y de la verdad de hace ochos años se ha evaporado, ni rastro de ella.

En la carátula de la película se puede leer una frase lapidaria: “Tarde o temprano un hombre con dos caras olvida cual es la real”. La irrealidad en la que vive Sánchez es más que evidente. Ha violado sus principios, su verdad y su palabra infinidad de veces. La pensadora Adela Cortina expresó, recientemente en un artículo memorable, uno de los cánceres de nuestro tiempo político: “Más que la posverdad se ha impuesto la posveracidad, el hábito de mentir sin ningún problema y de justificar lo injustificable. Entonces sucede, como decía Hannah Arendt, que ya nadie se cree nada”. Esta es la herencia más importante y envenenada que tendremos que afrontar en los próximos meses. Vamos a tener que poner sobre la mesa el peso de nuestros principios y hasta donde estamos dispuestos a estirarlos. Recordemos que el acusado de la película es consciente de su doblez y, por tanto, de su mentira. ¿Igual que el presidente del Gobierno? La pelota está ahora, estimado lector, en el tejado de tus principios.

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