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Opinión | El día del señor

València

Perfume de santidad

La Octava del Corpus volvió a las calles de Sagunt

La Octava del Corpus volvió a las calles de Sagunt / Levante-EMV

De niño leí en una sección del TBO que los escolares españoles son los que gozan de más días de vacaciones, después de los italianos, al menos en el orbe católico. Supongo que el amor a la fábrica y a las plusvalías es una de esas maquinarias pensadas para que el niño olvide el perfume único de la murta, del arrayán.

El sentido de las fiestas religiosas se estructuraba en torno a su contenido doctrinal y litúrgico y especialmente durante el verano, el tiempo de las procesiones del Corpus, un corpus que contiene el mayor de sus misterios.

Pero la cabra tiraba al monte y siempre ayudados por dulces bendecidos, sardinas memorables, cosechas de melones (y sandías) y frutas de verano de todas clases hacia el final de la primavera, los laicos parecían ir a por la pelea pues el santoral va lleno de marciales. San Pedro y San Pablo –nada menos– flanquean las puertas de la canícula y las del Cielo, claro– Pablo será el teórico, el doctrinario y Pedro la fuerza creadora, la tensión amorosa. Pero todos los gremios participan de los asuntos de la Redención.

En la lista de santos cruciales hay no pocos que descendieron a tratar de asuntos ordinarios, es imposible desatenderlos. De niño me acerqué a la iglesia de Sant Pere de Sueca. Fue al término de una predicación de bolsillo de un cura en el ejercicio de su tarea. De golpe, estalló la rabia, el malestar retenido y un parroquiano concluyó:

–No son tan bon els Sants que a mi l’oratge m’ha fotut la collita de melons!!!

Las personas reverentes le hicieron callar.

Ciudades medianas como Sueca o Sagunto celebran la fiesta de los santos de la piedra o, más propiamente, contra la piedra. Mi colega Rafa Ventura me señaló un retablo cerámico:

-Mira, els Sants tenen cuixes de futbolista.

Santos a porrillo y de primera línea: Juan el Bautista prepara el terreno y aparte de los diversos marciales, San Antonio de Padua tiene que aclarar que él es, en puridad, portugués y ayuda a que la gente encuentre novio/novia y es una auténtica oficina de objetos perdidos. Julio abre sus puertas para que Ignacio de Loyola funde la orden de los jesuitas y sea Tomás, el apóstol incrédulo, el que exhibe su condición.

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