Opinión | La plaza y el palacio

Profesor de Derecho Constitucional de la UA y Exconseller de la Generalitat Valenciana
El tiempo del eclipse

Imagen de archivo de un eclipse / Levante-EMV
Nos mantenemos en la realidad pendientes de un hilo. En este momento el hilo del Mundial. Pero, si por estas o aquellas, nuestro patrio equipo fuera eliminado y no llega circular en autobús descapotable ostentando la merecida Copa, no sé qué será de nosotros. Bien mirado aún queda otra esperanza: el eclipse. Nuestra tranquilidad moral, nuestra fe en el mundo -el cosmos- como algo ordenado y predecible, depende de que la oscuridad se apropie un rato de valles y montañas, playas y chiringuitos. Todo lo demás es opinable.
Lo que ahora narraré es posible que lo haya contado antes, pero es que viene al pelo. En la posguerra francesa, las relaciones entre comunistas y De Gaulle eran, por así decir, complejas. Y en esas, el Secretario General del Partido Comunista -un imponente partido- dijo que el advenimiento del comunismo era tan inevitable como la llegada de eclipses. De Gaulle, adusto, pero bastante más inteligente, de respondió que quizá tuviera razón, pero que no conocía a ningún partido dedicado a promover los eclipses de luna. Fin del debate. ¡Qué tiempos!
Me temo que necesitamos a De Gaulle y a compactos líderes comunistas por ver si restablecemos la confianza en lo que (nos) pasa. Pero no. Nuestros líderes -a los que nunca suelo criticar en bloque- han decidido renunciar a la duda cartesiana, aplicando la razón metódica y, en su lugar, poner en el centro del tablero la sospecha. La sospecha es la hermana mala, la bruja de cuento, la que seca las fuerzas y anima a la guerra civil. Pero, bueno, ellos tendrán encuestas y analizarán finamente las circunstancias y la revolución de los orbes.
Esto me trae a la cabeza aquello de que Galileo, que andaba metido en estos asuntos -aunque no era comunista-, decidió ir a Roma. Pero el Embajador florentino en la Ciudad Eterna le escribió que mejor se quedara quieto, que no eran tiempos de ir por ahí a hablar de las cosas de la luna. Galileo no le hizo caso y mire usted la que lio. ¿Y no habrá tenido este Papa de ahora Nuncio que le avisara de los peligros de venir a predicar al Congreso de los Diputados de la católica España?, ¿no saben estos hijos de san Cosme y san Damián que un microbio, una miasma perniciosa, anda suelta y al que su aire respira queda contagiado de un sadomasoquismo que le lleva al infierno en vida, a la agresividad y las palpitaciones? Ahí está: el Vaticano ha declarado herejes y cismáticos a más de 700 sacerdotes y varios obispos, con una pena muy grande por ser un señor que siempre decía que venía a poner paz y eso. Bueno, a mi me da lo mismo, pero si andan así los beatíficos clérigos, qué no será de los humanos simples, que no sabemos ni latín.
Lo que pasa es que, aquí, nos hemos acostumbrado a una reconfortante rutina que, espero, no se pierda con las vacaciones e, insisto, supere a las ventajas del fútbol y la astronomía. Básicamente consiste en quejarnos del calor y luego leer los acuerdos de gobierno de las Comunidades presididas por el PP para enterarnos de que el cambio climático no existe. Como, quieras que no, da un escalofrío, pues un ratito aliviado te quedas. Hasta la siguiente. Y das en pensar: ¿a estos señores, antaño serios, no les dará vergüenza? Y no digo yo que si hay que pactar no haya que tragarse algún sapo. Pero, insisto, ¿no les dará vergüenza? Ya me conformo con que se lo traguen, pero avergonzados.
Como no tengo nada mejor que hacer, me he leído -Dios me lo premie-el pacto entero de ese prodigio de centrismo que hasta ayer era un tal Moreno Bonilla, con la cuadrilla de Vox, que bien que le han toreado y puesto pullas. Hay mucha paja, inservibles alusiones a cosas que no son competencia autonómica, expresión de meros deseos deslavazados o para los que no habrá dinero; otras se repiten, como, aquí y allá, puntas de misoginia y la cantinela de la “imposición ideológica”. Pero las hay que denotan maldad. Maldad pura y llana. La maldad que da la ignorancia, como el negacionismo, el olvido a unas víctimas y la utilización de otros -se impondrá una asignatura de historia del terrorismo y se reforzarán las políticas de apoyo a las víctimas del terrorismo-. Maldad, en fin, con ensañamiento con los niños y adolescentes inmigrantes.
Moreno el Bueno debe haberse quedado desapegado. Pero tampoco le perdonemos tanto. Es el PP, todo, el que, diríase, por fin respira y puede poner en su pecho las medallas que perdieron la mayoría de sus dirigentes en la Transición. No pidieron perdón, pero nos pidieron que olvidáramos. Ahora ya pueden ir tranquilamente a los toros y hacer esas cosas que los hombres de derecha suelen hacer. Y contar chistes de maricas o de negros. Cosas de la mayoría natural, que hubiera dicho Fraga, que en gloria esté. Lo estaban deseando. No todos, que he conocido y conozco a otros líderes conservadores que, con ayudar a mejorar algunos negocios o truculencias inmobiliarias de amigos y parientes, ya se conformaban. Eso sí: con banderita de España en pulsera, que eso es innegociable.
Así que no les echemos toda la culpa a Vox que ha aprendido mucho del hermano mayor. La derechita cobarde, creo que se dice. Bueno: ahora empieza ese jeroglífico de opiniones entre Feijóo -que también existe-, Tellado, Ayuso y Aznar, a ver quién la dice más gorda y más disparatada y así aumentan un centímetro suplementario de fama, de inquieta fama. Y ya pueden preguntarles por menores no acompañados que escapan -¡ladrones!- del hambre y de la sed que provoca el cambio climático que ellos saben que no existe. Okupas de la conciencia. espero que los dirijan a Moreno el Bueno, el Apacible, para que los lleve a los toros, siquiera sea como aviso. Y luego, al mar. Moreno el Bueno, traficante de espejuelos y abalorios. Y lo demás a lo que se le diga. Como Boabdil, otro andaluz, ¿o era un chico emigrante repudiado por su madre, un okupa de la Alhambra? No sé.
Haga ahora la prueba: imagínese que hace unos 10 años le cuentan todo eso. No lo hubiera creído. Por irreal. Pues hágame el favor de pensar lo que será esto dentro de otros diez años: los nietos no pueden votar, los rejoneadores tienen dos votos: por sí y por su caballo. Los goles en la red y el sol en la noche.