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Opinión | PECES DE CIUDAD

Amparo Panadero

Amparo Panadero

Periodista

Catástrofes desgarradoras

Seguimos sumando picos de calor, a pesar de los negacionistas del cambio climático que se empeñan en hacer público que en los años noventa del siglo pasado se dieron un par de días de altas temperaturas. Ahora es diferente, llevamos más de tres semanas con exceso de calor y, lo peor, con noches tropicales. Encadenamos olas de calor, sin tregua, y esta es la diferencia con el pasado. Los días transcurren acompañados del zumbido de los ventiladores y el chorro bendito del aire acondicionado. Seguimos contaminando, emitiendo calor a la atmósfera, sin remedio.

Los picos de calor nos llevan a transitar lentamente, atenuando nuestros pasos, mitigando nuestras palabras. Pero la actualidad nos despierta cada día. Desde los terremotos de Venezuela, las catástrofes se suceden y vivimos conteniendo la respiración, sufriendo con el dolor ajeno, con desgracias colectivas e individuales. Hoy lloramos el incendio de Soneja.

El pasado 3 de julio se conmemoró el veinte aniversario del terrible accidente de metro de València en el que perdieron la vida 43 personas, muertes evitables, y 47 resultaron heridas. Y cero responsables. El 3 de julio pasado fue una mañana muy emotiva, recorriendo la tristeza y el dolor de quienes se quedaron solos, sin sus seres queridos, recorriendo también la rabia que produjo en su día la ignominiosa actuación de la Generalitat del PP, sin perdón, ni justicia, ni reparación.

El mismo 3 de julio se fundieron en un abrazo las dos asociaciones ciudadanas, la del accidente del metro y la de las víctimas de la dana, catástrofe que segó más de 230 vidas, muertes evitables, y destruyó el territorio valenciano. Dos terroríficos y estremecedores sucesos y dos asociaciones, presididas por mujeres, que siguen luchando por la dignidad.

Periodista

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Fuente: El Periódico de Mediterráneo

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