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Opinión | La veleta de papel

València

Ruego

Israel y Hamás continúan la guerra mientras Blinken y Borrell tratan de calmar la región

Israel y Hamás continúan la guerra mientras Blinken y Borrell tratan de calmar la región

Porque la paz bien lo merece, insistiré. Si pudiera escribiría al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para rogarle por el nombre del Dios de Abraam, Isaac y Jacob, en el creyeron sus antepasado, y por el que muchos hombres y mujeres de su pueblo perdieron la vida, que por favor detengan la guerra, los asesinatos, las provocaciones, las exigencias de un suelo que no es suyo. Por el nombre de Dios paren esta espiral de muerte. Como pueblo sufrieron la ignominia del Holocausto nazi, y el intento de genocidio contra su raza, por eso es incomprensible que actúen como aquellos infames asesinos. Ustedes merecen una tierra donde vivir en paz y libertad; tienen derecho a su integridad territorial; que su fe y costumbres sean respetadas; pero necesitan convivir y desarrollarse con sus vecinos árabes. No podrán evitarlos.

Escribiría a los responsables musulmanes de oriente medio, para rogarles por el nombre de Alá, el Justo, el Clemente, el Creador, en el que creyeron sus mayores y por el que han muerto muchísimos hombres y mujeres; cesen toda guerra. El humano no es enemigo sino hermano. Detengan la muerte y acepten la vida. Paren cualquier disputa por vía armada; olviden las innumerables afrentas que recibieron; dejen que sea Dios en su infinita misericordia y bondad quien les inspire. Ustedes tienen derecho al progreso y la paz de sus pueblos en concordia con sus vecinos. Ustedes que fueron crisol de cultura y respeto, no olviden los derechos, dignidad, libertad y vida de sus mujeres, especialmente las afganas y persas. El odio engendra muerte no vida.

Y escribiría al presidente ruso, Vladimir Putin, para rogarle por la memoria de los santos Sergio de Rádonezh y Serafín de Sarov, pero sobre todo por Jesucristo Resucitado por favor acaben con la guerra contra Ucrania, no sigan promoviendo la muerte de miles de hombres, mujeres y niños inocentes sean rusos u ucranianos. La muerte (inevitable) no es la solución de nada y sí el final de todo lo terrestre. Deténganse, cuiden de sus heridos, intercambien prisioneros, retírense a unas fronteras pactadas con sus vecinos, definitivas y seguras. Recuperen el pulso de su gran e inmenso país, para que recobre el esplendor que le corresponde por historia, cultura y gente. Tienen todo el derecho a vivir en paz, a tener seguridad y al desarrollo de sus capacidades que son muchísimas.

Finalmente a los gobernantes del mundo, rogándoles por el nombre del único Dios que nos va a juzgar (y si no creen, por la humanidad) sin tener en cuenta colores o fronteras, trabajen por la paz que es base fundamental para el progreso y la libertad de los pueblos del mundo.

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