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Opinión

València

Empatía y política

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, durante un pleno en Les Corts Valencianes.

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, durante un pleno en Les Corts Valencianes. / Ana Escobar / EFE

“Hola, me llamo Jacinda Ardern y llamo en nombre de Harry Duynhoven. Así se presentaba siendo una joven de dieciocho años cuando llamaba por teléfono en busca de voluntarios para la campaña del Partido Laborista. Eran sus primeros pasos en política, los que le hicieron entender que solo si ganaban las elecciones, tal vez la vida de aquellas personas con las que iba teniendo la oportunidad de hablar de sus problemas, podría mejorar. A los treinta y siete años se convirtió en primera ministra de Nueva Zelanda. En 2023, dejó el cargo tras admitir que estaba agotada.

Queda el arquetipo de una mujer que logró convertir su alta sensibilidad y empatía en fortalezas, a pesar de sus propias dudas. Queda el reconocimiento del histórico agravio al pueblo maorí o la imagen cubierta con un velo, abrazándose a una musulmana tras el cruel atentando supremacista contra dos mezquitas en la ciudad de Christchurch. Queda el libro que ha escrito con sus memorias, Un poder diferente, que permite entender el liderazgo desde la humanidad personal. Queda su estela en estos tiempos en los que la deshumanización forma parte de la política, especialmente a través del avance de la ultraderecha.

En la Comunitat sabemos algo sobre deshumanización de la política: el PP fue pionero en dar entrada a los de Vox en un Ejecutivo autonómico, y desde aquel momento hasta hoy, sus planteamientos lideran el programa de gobierno. Conviene señalarlo ahora que Pérez Llorca anda reivindicando su dedicación exclusiva ante el debate abierto sobre cuándo debería la secretaria general del PSPV-PSOE, Diana Morant, dejar su responsabilidad como ministra. Como si la defensa de los intereses de la sociedad valenciana, ser más o menos diligente en la gestión o la integridad en el ejercicio del poder público, fueran cuestiones meramente cuantitativas. No lo son. La calidad de la política no se mide por horas. ¿Acaso no cabe preguntarse para qué sirve esa dedicación a la que alude el president, si luego es incapaz de encontrar un hueco para reunirse con los sindicatos de la enseñanza durante una huelga histórica? Esto no va únicamente de estar más horas, sino de estar donde se necesita, de afrontar las dificultades y de tomar las decisiones más acertadas. Y eso es, precisamente, lo que ha faltado en esta etapa del Partido Popular al frente de la Generalitat Valenciana.

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