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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Génova encierra a Llorca en la periferia

La dirección del PP da por hecha su candidatura, pero prolonga una interinidad que debilita al president y alimenta las tensiones internas

Raúl Mérida, Vicent Mompó y Juanfran Pérez Llorca.

Raúl Mérida, Vicent Mompó y Juanfran Pérez Llorca. / Germán Caballero

Igual que Pedro Sánchez representa un problema para Diana Morant, Alberto Núñez Feijóo empieza a serlo para Juanfran Pérez Llorca. Ese concepto abstracto llamado Génova se manifestó en todo su esplendor con la visita de Miguel Tellado a València. Se esperaba que ejerciera de telonero del president en Tribuna Mediterránea y aprovechara un auditorio selecto para despejar la candidatura de Llorca. También podía haber avanzado alguna iniciativa de marcado acento valenciano para el supuesto de que Feijóo alcanzara la Moncloa. Sin embargo, el dirigente popular subió al atril para pronunciar un mitin antisanchista, aderezado con una cordial mención a lo bien que lo está haciendo el sustituto de Mazón.

Ese mismo PP que tardó más de un año en relevar a Carlos Mazón y utilizó la tragedia de la dana para embarrar todavía más la política valenciana y española continúa sin extraer ninguna enseñanza. La Comunitat Valenciana volverá a ser decisiva, pero los populares, como los socialistas, siguen tratando a sus candidatos como delegados de una sucursal.

Es conocida la opinión que los empresarios valencianos tienen de Sánchez, aunque con embajadores como Tellado tampoco mejora demasiado la imagen de Feijóo. Quienes acudieron a Génova tras la gran riada para exigir al líder del PP un cambio urgente que devolviera la honorabilidad a la Generalitat, y que han encontrado en Llorca una actitud más responsable, no comprenden por qué los populares prolongan esta interinidad electoral.

La ocasión desperdiciada por Tellado para rebajar la tensión acumulada en el PPCV agrava la fragilidad orgánica e institucional del jefe del Consell. La conclusión es que a Feijóo solo parece interesarle lo suyo. Hace justo lo contrario que José María Aznar, quien acabó convencido de que su única alternativa para derrotar a Felipe González pasaba por construir una sólida implantación territorial, especialmente en el arco mediterráneo. Los estrategas de Génova únicamente conciben la política como un impulso centrífugo, desde Madrid hacia la periferia, igual que Vox. Sin embargo, la historia electoral de la derecha española acredita que cuanto más plural y periférica ha sido, mejores resultados han obtenido.

Está cantado que Llorca encabezará la candidatura del PPCV a la Generalitat. El retraso en oficializarlo solo responde a maniobras internas destinadas a aislar cualquier disidencia. Son tensiones que, de momento, parecen haber desaparecido en el PSPV, al menos hasta que hablen las urnas. Esas que también están a punto de estallar en el complejo universo de Compromís, donde las expectativas demoscópicas disminuyen a medida que crece la sopa de siglas. Los de Abascal ya reparten palomitas.

El politólogo Camps

Hay que agradecer a Francisco Camps su contribución a mantener encendida la caldera política valenciana. Más allá de su particular desajuste en las coordenadas de tiempo y espacio, su reclamación de autonomía para que el PPCV elija a sus propios dirigentes no solo resulta acertada, sino que coincide con lo prometido por Feijóo cuando desembarcó en Madrid exhibiendo su galleguismo responsable. A los populares, además, siempre les ha ido mejor cuanto más han valencianizado su discurso. Pero, sobre todo, debe celebrarse la aportación de Camps a la comunicación política mediante esas oportunas encuestas que encarga en beneficio propio. Cuando se examinan los microdatos, ofrecen una fotografía reveladora.

La publicada esta semana indica que el PSOE-PSPV transfiere ya al PP un 6% de sus votantes de 2023. También muestra que el intercambio entre Compromís y los socialistas favorece a los primeros, mientras Vox empieza a captar antiguos electores del PSPV. Y confirma que el bloque formado por PP y Vox permanece consolidado, con independencia de quién ocupe la cabeza de cartel.

El laberinto del Parc Central

En València seguimos pensando a corto plazo. La incapacidad para acordar un perfil estrictamente técnico al frente de la Sociedad Valencia Parque Central demuestra que los intereses partidistas continúan imponiéndose a los colectivos. Este organismo, integrado por las administraciones implicadas en el desarrollo urbano, estudia y coordina las operaciones previstas en los terrenos liberados por el soterramiento o la modificación de las infraestructuras ferroviarias. Ahora bien, la decisión definitiva sobre el futuro paseo verde y cualquier otra actuación debe corresponder al pleno municipal. Discutir competencias según se gobierne o se permanezca en la oposición conduce a un callejón sin salida y revela una concepción profundamente populista de la gestión pública.

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