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Opinión

València

La escopeta nacional hoy

Un fotograma de 'La escopeta nacional' (1978), de Luis García Berlanga.

Un fotograma de 'La escopeta nacional' (1978), de Luis García Berlanga. / L-EMV

Una cacería como microcosmos de la última etapa del franquismo. Así podría definirse La escopeta nacional, una disparatada y lúcida comedia que se convirtió en una de las películas más populares de Luis García-Berlanga. Pero esa historia de la pantalla, estrenada hace casi medio siglo, sigue resonando como un estruendo social casi medio siglo después. Y buena prueba de ello la hallamos en la reciente versión teatral, con el mismo nombre, que podrá verse en el teatro Español, de Madrid, a lo largo del mes de julio. Una vez más las obras del genial Berlanga, en colaboración con un guionista de la talla de Rafael Azcona, demuestran que su cine fue universal partiendo de lo local. En una palabra, su filmografía ha resistido el paso del tiempo y puede saborearse en cualquier lugar y en toda época. Además, en el caso español, su huella llega hasta hoy mismo. Sus personajes son los mismos perros, aunque luzcan distintos collares. La cacería que dio origen al filme se sitúa a finales de los años sesenta y quizá hoy aquellos eventos, entre deportivos y sociales, hayan perdido el lustre de antaño. Ahora bien, esos escenarios han sido sustituidos hoy por el palco del estadio Bernábeu o por el de Mestalla donde se dan cita negocios dudosos, prebendas, tráficos de influencias y corruptelas de todo tipo en un ambiente de glamour y lujo. Así, por esos palcos de las escopetas nacionales de hoy desfilan ministros corruptos, curas fascistas, aristócratas rijosos, mujeres-objeto, influencers sin escrúpulos o industriales oportunistas en busca de sobornos.

¿Cómo no reconocer en los personajes que ahora han saltado del cine al teatro al exministro Ábalos y a su estrafalario escudero de fechorías Koldo? ¿Cómo no reparar en que Bárbara Rey, la actriz de La escopeta nacional por cierto, ha desvelado que el rey Juan Carlos estaba desnudo en lo físico y en lo ético? ¿Cómo no evocar en la figura del sacerdote ultramontano a obispos que impiden investigar a fondo casos de pederastia en la Iglesia? ¿Acaso no abundan hoy como hace medio siglo esos sirvientes fanáticos que se conforman con las migajas del poder en lugar de rebelarse contra sus amos? No resulta, pues, de extrañar que el actor Juan Echanove haya decidido llevar a las tablas con éxito esta escopeta nacional que, lejos de parecer una antigualla, refleja con lucidez la España actual. Por desgracia Echanove acierta al declarar: “Y es que no hay mejor manera de volverse a mirar en ese espejo de la historia que la risa. Una risa un tanto amarga que nos hace ver que después de 50 años pueden haber cambiado los hilos, pero el telar sigue siendo el mismo”. Así las cosas, los ciudadanos y ciudadanas de este país tenemos un grave problema si, tras más de medio siglo de democracia, no hemos conseguido erradicar las lacras que denunciaron Berlanga y Azcona. Convendría, pues, luchar contra algo que no puede ser una maldición histórica, sino más bien el ejercicio del poder sin vergüenza ni control. Una corrupción que ha contaminado a la sociedad entera hasta tal punto que el escritor Julio Llamazares afirma que nuestra cultura sólo inventó dos géneros literarios: la picaresca y el esperpento.

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