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Opinión | El día del señor

València

Matanza colectiva

Archivo - Bandera del Reino Unido con el Big Ben de fondo, en Londres.

Archivo - Bandera del Reino Unido con el Big Ben de fondo, en Londres. / MICHAEL KAPPELER/DPA - Archivo

El turista conoció y reconoció a ese amasijo de alevines, aceite y harina en cantidad que bastaría para un emplasto y tiene ahora el trabajo de digerir su fidelidad al fish and chips rota por no respetar la tradición: la puntilla como matanza colectiva.

Ahora que Gran Bretaña sólo es una gran potencia –o sea un gato sostenido en vilo por su rabo– reflexiono sobre la naturaleza de esos bravos marineros (y alguna espía de Scotland Yard) que también son buenos marinos, condición que está en la raiz del éxito de estos islotes superpoblados: el Reino Unido.

La puntilla puede avanzar solemnemente con su aceite sobrero, su fritanga y sus cosas. Y el brandy de remotas destilaciones. Menos mal.

Como se hace un gran país? Muchos ingleses descubren a menudo que son un tanto melindrosos: por naturaleza o por que sus bombas atómicas son prestadas, no lo sé. Una sensación de desamparo cruza rostros múltiples: son isleños. Tal vez por eso han convertido a la reina Isabel II en agente comercial y si el ciudadano es católico, dispone de una ración extra de extravagancia

El escritor católico, Anthony Burguess fue amasando poco a poco un viejo combate con todo el respeto para las rutinas: había que volver al Sistema Métrico Decimal en materia de pesos y medidas, pero no solo eso. Y entonces, hace mucho, comenzaron los trabajos de construcción del túnel que une Inglaterra con Francia (ellos lo dicen al revés). Cundo le preguntaron el porqué de tanta ranciedad invocó razones de defensa ¿defensa? Cuando los periodistas abandonaron el lugar todo el mundo sabía que poco se puede temer de quienes se mueven en una ratonera y al llegar al final de su recorrido se asoman al exterior y reciben un golpe en la cabeza de sartén blindada bien asida por el mango.

Sencillamente no tenía ninguna posibilidad.

Nuestro hombre siguió bregando por un saludable retorno a la tradición y al mayor depósito de decimales del planeta Tierra. Creo que aún vivimos en un lugar de privilegio donde abundan los europeos, o sea nosotros.

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