Opinión | A quien lea

Periodista y editor
Frustrado aggiornamento empresarial

Una persona votando en una de las últimas citas con las urnas. / Alex Dominguez
“De la mà del optimisme
hem saltat per sobre l’elogi personal de l’oci conjunt.
I ves a saber de quina giragonsa del seny, ens arriba
l’ombra pessimista fent-nos sospitar que hem allargat
desmesuradament la passa………. Potser.
Però asseguts al marge no es pot cobrir cap distància.”
Del lanzamiento de ‘Esclat’ .València, Agosto-1948
El mundo empresarial valenciano, surgió del auge en la diversidad (finales del siglo XIX y principio del XX), atravesó por el túnel esterilizante de la ilibertad (1936-1977), resurgió con ímpetu radicado en la débil unidad (1977-1996) y pierde su oportunidad con la alienación política (de 1996- a la actualidad). El bienio 2025-2026 aportaba la esperanza electoral de renovación en las principales entidades económico- empresariales: patronal autonómica (CEV), Cámaras de Comercio y el uno de octubre en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Expectativas que se frustran con el continuismo y la reiteración.
Más de lo mismo
En el verano de 2025, Salvador Navarro, presidente durante catorce años en la Confederación Empresarial Valenciana (CEV) fue advertido, por quienes mandan, de que su estrella de permanencia presidencial había dejado de brillar. Ha sido sustituido por su vicepresidente, Vicente Lafuente (escasa novedad) ,presidente de larga duración en la patronal sectorial más importante del País Valenciano, la Federación Metalúrgica Valenciana (Femeval). La CEV fue la primera en pasar por las urnas, siempre controladas, por cuyo veredicto Vicente Lafuente en noviembre de 2025 relevó a Salvador Navarro. Lafuente, en los círculos económicos domésticos suscitó una cierta esperanza de cambio. Expectativa que se vio defraudada por la designación de los tres presidentes provinciales de Alicante, Castelló y València. Fue en Castelló donde saltó la sorpresa con la repesca de Luís Martí Bordera en la cúspide castellonense, después de dimitir por los desencuentros con Navarro. València se mueve en la aceptación tensa y Alicante, detonador de todas las crisis, en la nebulosa cantonalista, pendiente de desavenencias internas sin cicatrizar. La conclusión es que el panorama autonómico del magma empresarial sigue sin consolidarse por falta de cohesión sectorial y territorial. Los empresarios valencianos se caracterizan por su marcado individualismo no muy diferente del resto de España. Excepción notoria de los empresarios vascos y catalanes dispuestos a respaldar y financiar a sus organizaciones: a rascarse el bolsillo para garantizar su independencia.
De espaldas a las pymes
Las pequeñas y medianas empresas constituyen el 99’8% del tejido empresarial, generan el 66% del empleo y suponen el 62% del Producto Interior Bruto en España. Su voz y sus intereses siguen sin tener los canales adecuados para hacerse oír. Las próximas elecciones a la presidencia de CEOE, en octubre, en la antesala de las elecciones generales en ciernes, van dirigidas a petrificar el mundo empresarial con la consagración de la rama inoperante de CEPYME, si se confirma la reelección de Antonio Garamendi –para doce años en la presidencia y 400.00 euros de sueldo anual–. La singularidad valenciana es que CEV no incluye diferenciación entre grandes y pequeñas empresas. La filial que constituía CEPYMEV fue acertadamente suprimida por la mente cartesiana de José Vicente González cuando asumió la presidencia de CEV (2005-2011).
Sin pena ni gloria
Las peculiares elecciones con sordina a las Cámaras de Comercio han dado como resultado la confirmación de José Vicente Morata en la Cámara de Comercio de València, dominante en el País Valenciano. Se da por seguro que Morata repetirá en la presidencia del autonómico Consejo de Cámaras, junto con las Cámaras locales o provinciales de Alcoy, Alicante, Castelló y Orihuela. En las tres principales han salido los mismos. Tanta reiteración aburre. Hasta Carlos Baño, colega de Carlos Mazón, ha sido reelegido en la de Alicante, a pesar de su detención y procesamiento por fraude y posible estafa. El renovado presidente cameral, José Vicente Morata es el que consigue la mayor antigüedad en los cargos. En 2030 llevará veinte años en las presidencias y ahora, con dieciséis, ya supera los 15 años agarrado al sillón presidencial, que ostentó Arturo Virosque (1995-2010). El problema más grave no es la prolongada permanencia en los cargos, sino la ausencia de proyectos. Incomprensiblemente la Cámara de Comercio de València carece de servicio de estudios. En CEV, también sin servicio de estudios, con Vicente Lafuente y en las Cámaras de Comercio con José Vicente Morata. Este último ha conseguido prolongar sus presidencias durante más de tres lustros, sin pena ni gloria. Vivió en 2010, poco después de su primera elección, la supresión de las cuotas obligatorias por decreto de José Luís Rodríguez Zapatero y después el traspaso de competencias plenas de las Cámaras de Comercio a la Generalitat.
En el fango político
A partir de ese doble factor condicionante, la Cámara de Comercio de València entró en un fase de encefalograma plano, sin adoptar las iniciativas y programas que necesitan las empresas valencianas para alzar el vuelo en dos aspectos conocidos: productividad y competitividad. Siguen abandonadas las dos misiones indeclinables de las Cámaras de Comercio: la promoción del comercio exterior y la formación empresarial en el nivel y con el valor añadido que necesitan las empresas para ser competitivas con eficacia en el complejo mundo de los negocios. Las Cámaras de Comercio no pueden ser una agencia de colocación para amistades, compromisos o paracaidistas políticos. Arturo Virosque Ruíz, en su última etapa en la presidencia me confesó que el principal error que había cometido fue nombrar a Ana Encabo (PP), esposa de Luís Fernando Cartagena (condenado por estafa), que pasó directamente de un alto cargo de la Generalitat – secretaria autonómica con Francisco Camps–, a la secretaría general de la Cámara de València. El autonómico Consejo de Cámaras de Comercio que preside Morata contrató a Cartagena como asesor por 70.000 euros anuales y también tiene en su dirección, una herencia política del PP que no fue capaz de enmendar el Botànic de Ximo Puig ni el conseller de Economia, durante ocho años, Rafael Climent.
Necesarias
El florentino preceptor de los Medicis y maestro renacentista del realismo político, Nicolás Maquiavelo recuerda; “los príncipes indecisos, para evitar los peligros presentes, toman las más de las veces la opción neutral y las más de las veces se van a pique”. Hay una grave confusión entre los políticos que recelan de las Cámaras Oficiales de Comercio . A los de izquierdas les molestan por considerarlas ‘de derechas’. El Partido Popular, de derechas, y su brazo empresarial, CEOE están empeñados en hacer suyas estas instituciones y usarlas como ariete en la reserva, para cuando les sea útil. Si llega al poder Vox y cae en la cuenta, las destrozará. Las Cámaras de Comercio son imprescindibles – por eso subsisten– para determinados programas y ejercer funciones delegadas promovidas desde la Unión Europea. Son entes intermedios de la sociedad: corporaciones de derecho público que existen por ley, con gestión privada y supervisión de las administraciones con competencias plenas sobre ellas. Las competencias primero hay que ejercerlas con afán constructivo y después, tienen que asumir la responsabilidad que les corresponde para que no se desvíen de sus cometidos y misiones. Son garantes, –aquí la Generalitat – de su supervivencia funcional y económica. Un regalo para los políticos envuelto en responsabilidades.
Juguetes rotos
Las Cámaras de Comercio no son un juguete que suscita animadversión o celos, sino una institución instrumental y útil para complementar a la iniciativa privada – no para hacerle competencia desleal– y para suplir las ausencias de las patronales, ocupadas en otros menesteres. Según el decreto fundacional de las Cámaras de Comercio de la Reina Maria Cristina, en 1886: ajenas a la política y con el fin de suplir las carencias de las entidades empresariales que sólo representan a sus asociados, cuando las Cámaras tienen la obligación de defender y representar a todas las empresas de su territorio. No es misión menor. Para actuar a modo de correa de transmisión de los poderosos –políticos y otros grupos de presión– y de las patronales: sobran las Cámaras de Comercio.
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