Opinión | La veleta de papel
Jano

Foto de archivo de fake news / EFE
Este antiguo dios bifronte del panteón romano simboliza bien la actualidad; porqué al analizarla informándonos en los distintos medios disponibles, donde desgraciadamente circula información cierta y falsa, podemos llegar a conclusiones antagónicas. Como si la verdad fuera proyectada en un multicines donde en cada pantalla y con un sonido ensordecedor, podemos ver distintas versiones de una misma realidad en un teatro de las sombras partidista y donde algunos personajes intentan que les compremos sus relatos.
En una pantalla estamos ante el hundimiento definitivo de nuestra civilización y la muerte del humano como lo conocemos ahora; en la asfixiante jungla léxica el adversario político es poco menos que un corruptor asesino en serie rabioso que va dejando un reguero de cadáveres a su paso. En otra vemos que el común de nuestros conciudadanos sigue conviviendo pacíficamente (si no eres palestino o de algún país en guerra), intenta los fines de semana descansar y (siempre que puede) salir con familiares y amigos a confraternizar, vivir y disfrutar; lo normal en cualquier persona sensata.
La caótica estridencia política se sustenta aun sobre palabras, pero no deberían desatenderse los numerosos llamados a la responsabilidad desde diferentes ámbitos éticos de la sociedad. Está demostrado que la agresión verbal puede derivar en conflictos sociales que, entonces sí, pueden ser físicos y peligrosísimos. ¡Que no triunfen los irresponsables!
La sociedad civil debe ser cauta con las noticias o ficciones que le suministran. Todo debería pasar por el tamiz de la realidad empírica e intentar analizar los hechos desde la lógica racional para extraer conclusiones. No deben premiarse actitudes, que comporten crispación y violencia contra cualquier estamento de nuestra sociedad trabajosamente conformada. Quien así se comporte o lo favorezca debe ser apartado (en pro de la libertad que no es poco) de las instituciones de representación social.
Por otra parte a los intelectuales corresponde hacer un uso responsable de su raciocinio, capacidad de análisis, intelecto y formación académica, para dar su opinión sincera y ponderada sobre lo que afecta a la sociedad en su conjunto. Volver a ser la voz crítica de la sociedad y la conciencia insobornable, ante los hombres y mujeres que ejercen el poder del estado, para que resplandezca la integridad moral humana. Basta de pesebrismo, silencio cómplice y falsas etiquetas que favorecen el suicidio social. La ética de la verdad bien merece cualquier riesgo o incomodidad que comporte su defensa.
Ni un paso atrás en las libertades alcanzadas. Digamos basta a la manipulación informativa; basta de mentiras, de negación de la ciencia, de violencias verbales o físicas; basta de guerras y que paren los genocidios televisados o no. Queremos verdad, justicia, paz y convivencia, ¡Dios lo quiera!
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