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Opinión

Psicóloga

El eco eterno de la libertad

En el Día Internacional de Nelson Mandela, debemos imbuirnos de su legado, perpetuando su esfuerzo y reavivando el compromiso global con la dignidad, la justicia, la reconciliación y el progreso

Nelson Mandela, en una imagen de archivo.

Nelson Mandela, en una imagen de archivo.

Reconocer la realidad, acoger el cambio, recordar lo acaecido, decidir con benevolencia, invitar a observar, analizar adecuadamente, solicitar la adopción de medidas y fomentar siempre la educación como baluarte, son sólo algunas de las actuaciones que Nelson Mandela buscaba como garante de la democracia, la paz y la prosperidad en la sociedad.

Esta eximia visión de libertad, justicia y democracia, dieron forma a su leitmotiv en la lucha contra las políticas inicuas. El prisionero 46664 de Robben Island, indudablemente fue ejemplo de entereza moral, sabiduría, compromiso, “humanismo preocupado”, espíritu invencible y coherencia, como guía de vida. Frente a la opresión tuvo la generosidad del gran estadista, erradicando cualquier instinto de venganza en aras de la esperanza.

«He atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que estoy dispuesto a morir», un precepto que define a Khulu con exactitud. Mandela creía en el poder de la acción colectiva y comunitaria, y reavivó los esfuerzos por el compromiso global con la paz, la justicia, la democracia, la dignidad humana y la libertad a nivel internacional.

Tristemente, la existencia del crimen del apartheid quedará para siempre como una mancha indeleble en la historia de la humanidad, capaz de la mayor crueldad contra el ser humano por cuestiones de discriminación racial.

Sostener como principio inviolable la oposición al racismo con todos los medios que el género humano tiene a su alcance, y no permitir nunca que los discursos segregacionistas y la práctica racista vuelvan a hacer caer al mundo en las garras mortales de la guerra y el genocidio, fue siempre el propósito último a perseguir y lograr por Mandela.

Las víctimas deben librarse de ese flagelo intolerable y, que quienes prefieren no actuar arguyan no hacer nada, debe dejar de aceptarse como la oposición civilizada a la tiranía y la opresión. Dondequiera que se produzca, este horror lleva en sí el germen de la negación sistemática y total de los derechos humanos de aquellas personas a las que se discrimina.

Porque, en sí mismo, todo racismo constituye intrínsecamente un desafío para los derechos humanos, negando el reconocimiento fundamental de igualdad de toda persona, arrebatándoselos y tratando a pueblos enteros como a seres infrahumanos. Porque como Tata con magistral sabiduría expresaba: "Derribar y destruir es muy fácil; los héroes son aquellos que construyen y que trabajan por la paz”.

El empoderamiento, la protección y el acompañamiento a las personas más desfavorecidas para que decidan libremente su destino sin las trabas impuestas por la tiranía social y las desigualdades, es la razón misma de la existencia de organizaciones como Fundación por la Justicia. Así, el gran desafío de nuestro tiempo exige que intentemos lograr lo imposible.

En el Día Internacional de Nelson Mandela, debemos imbuirnos de su legado, perpetuando su esfuerzo y reavivando el compromiso global con la dignidad, la justicia, la reconciliación y el progreso. Parafraseando a Madiba, “no podemos descansar un instante, pues la libertad trae consigo responsabilidades y no debemos atrevernos a quedarnos rezagados”.

Disculpad el atrevimiento, pero os pediría –y me pido a mí misma– que nunca olvidemos la frase de Henley que Madiba hizo suya… “eres el amo de tu destino y el capitán de tu alma”.

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