Opinión | Bolos
Valencianos en Nueva York
Pérez Llorca elige la finalissima mientras el PPCV abre una larga precampaña, el Consell recalienta la vuelta al cole y Moncloa se aferra a los microdatos del CIS

"Alguien debería escribir, sin prisa, el libro 'Valencianos en Nueva York'". / ChatGPT
En estos días de calor y fútbol, el president Pérez Llorca anunció un plan para climatizar los centros escolares antes del próximo curso. Una medida para amortiguar la resaca de cinco semanas de huelga docente y un paracetamol preventivo ante la vuelta al cole. Una iniciativa acorde con los tiempos que los sindicatos de enseñanza deberían haber saludado, porque criticarlo siempre todo termina por restar credibilidad. Al fin y al cabo, supone un pequeño reconocimiento a una de sus reivindicaciones más compartidas. Pero, abandonado el pragmatismo laboral, prefieren el activismo de procesión que persigue a Llorca de fiesta en fiesta.
El aire acondicionado en las aulas llega tarde y después de un conflicto, pero la gestión de este acertado plan demuestra la escasa inteligencia climática instalada en el Palau. Como es sabido, las infraestructuras educativas son competencia del Consell, mientras que su mantenimiento corresponde a los ayuntamientos. En aras de la concordia administrativa, cabía esperar que la Conselleria comunicara a cada consistorio la cantidad asignada a sus centros y la fecha prevista para iniciar las actuaciones. Pero no. Se ha escogido el peor camino. Allí donde el PPCV no gobierna, es el grupo municipal popular el que anuncia la asignación de la Generalitat, sin que el alcalde o la alcaldesa de turno, si no pertenece al PP, sepa nada. Y, lo que es más grave, sin que tampoco estén informadas las direcciones de los colegios e institutos.
Tras las acusaciones partidistas del Consell sobre la huelga educativa —algunas justificadas—, resulta que ahora es el propio gobierno valenciano quien hace exactamente aquello que criticaba. Junto con la escasa política emocional demostrada, queda claro que, pese a la climatización de las aulas, en septiembre asistiremos a un inicio de curso caliente, sobre todo si las instalaciones requieren actuaciones urgentes. Vista la declaración de intenciones, queda inaugurada la larga campaña electoral que se avecina, con los sindicatos docentes en primera línea y compitiendo en las fiestas patronales con el merchandising de comparsas, mayorales y clavariesas.
Sin prisa en Nueva York
La proclamación de los principales candidatos municipales del PP tiene la derivada evidente de la falta de confirmación de Pérez Llorca como cabeza de cartel popular a la Generalitat. Ese vacío, junto con la ratificación de Luis Barcala en Alicante, es lo más relevante. Así que María José Catalá se consolida como uno de los principales activos de Núñez Feijóo, al frente de la segunda alcaldía española más importante en manos del PP. Pese a los persistentes problemas de movilidad, suciedad y vivienda, el regreso de Mónica Oltra ha activado a Catalá, que ha visto como ampliar el espacio que le deja Pilar Bernabé al competir día sí y día también con Compromís. Los errores estratégicos del PSPV son persistentes, especialmente después de ocho años por detrás de la formación de Oltra. Para eso, quizá sería más coherente una candidatura unitaria, como ya actúan en la oposición y como todavía ocurre en algunas comarcas.
Pérez Llorca prefirió Nueva York a Santiago. Una elección envidiada incluso por los más devotos del camino apostólico, porque una finalissima entre España y Argentina es una ocasión única y difícilmente repetible siendo president de la Generalitat. Salvo que continúe como inquilino del Palau en 2030 y la FIFA acomode el calendario para mayor gloria de los patrocinadores, aunque la repetición de los contendientes resulte improbable. Catalá también estaba en Nueva York cuando, en aquella cumbre de Benidorm, el PPCV se amotinó contra la favorita de Génova. A este paso, alguno de sus protagonistas debería empezar a escribir, sin prisa, Valencianos en Nueva York.
Los microdatos de Moncloa
Más allá de la cocina de Tezanos, los microdatos de las encuestas del CIS son esperados por todas las consultorías políticas, trabajen para quien trabajen. En el último estudio antes del parón estival aparecen datos relevantes. El primero es que, pese a todo, PP y PSOE mantienen una fidelidad muy similar, cercana a las tres cuartas partes de su electorado. Lo mismo ocurre con Vox, mientras Sumar se vuelve cada vez más irrelevante. El principal problema del PP está a su derecha: un 13,9 % de sus antiguos votantes se desplaza a Vox, frente a solo un 1,3 % que pasa al PSOE. Los socialistas presentan pérdidas más dispersas, aunque compensan parte de ellas captando antiguos votantes de Sumar.
La foto fija del podio es clara: el PP aparece primero, con el 30,4 %; el PSOE, segundo, con el 28,3 %; y Vox, tercero, con el 16,1 %. Con esa instantánea, en Moncloa trabajan para presentar los presupuestos del Estado y confían en que el aval europeo a la amnistía de Puigdemont complique la nueva entente entre Junts y el PP. Menos mal que la finalissima será larga y muy comentada.
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