Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Raso y junto al palo

Zamora y los grandes de la selección

Ricardo Zamora

Ricardo Zamora / EFE

Terminada la Guerra Civil el fútbol tuvo una gran renovación. El exilio determinó la ausencia de jugadores importantes titulares en la selección nacional y en general hubo que dotar de nuevos nombres. Los veteranos ya no pudieron aguantar el nuevo ritmo y se retiraron. El que había sido el gran ídolo, el insustituible, el definitivamente histórico, Ricardo Zamora Martínez, dejó inevitablemente su plaza internacional a los que estaban llegando. Tras él, en la selección han alternado figuras que meritoriamente figuran en la orla de la historia. Iker Casillas, que recogió como capitán la única Copa del Mundo ganada por España, es la foto de los más deseados.

En el primer partido de la nueva España, que alternó la camisa azul con la roja a la que se llegó definitivamente, reapareció contra Portugal el 12, de enero de 1941 y el seleccionador echó mano de dos porteros. Pérez y Echevarría se alternaron en el encuentro como hicieron en el segundo. No confundir a éste José Pérez García, jugador del Hércules, con el Antonio Pérez Balada nacido en Nules y guardameta, entre otros, del Castellón y Valencia. En Mestalla llegó a adelantar a Eizaguirre a quien le quitó la titularidad. El nulense fue soldado de la quinta llamada del “biberón” y en la retirada del ejercito republicano cruzó a nado el Ebro con una machete en la boca porque no quería verse arrastrado por un no nadador. Decidió abandonar la lucha armada y hasta llegar a Francia caminó dea noche y se ocultó durante el día. Fue a un campo de concentración en Francia y por buena conducta en su pueblo tuvo avales que le permitieron regresar sin sanción. Pérez llegó a jugar en Primera División con el Castellón, Atlético de Madrid, llamado entonces de Aviación y Valencia. Echevarría fue portero del Atlético de Bilbao. Ahora ya no era Atletic.

El tercer guardameta alineado fue Alberto Martorell Olset quien jugó cuatro encuentros con la selección. Martorell, nacido en Madrid de familia catalana, fue miembro del Español en su vida profesional. Durante la Guerra Civil no dejó de jugar y, además, participó en la liga catalana y en los eventos organizados por la Cataluña republicana. A acabar la contienda fue incluido en el gran grupo de futbolistas y deportistas en general, que fueron castigados por sus relaciones republicanas. Para algunos, la sanción llegó a varios años de inhabilitación y consecuente retirada. Alberto Martorell fue rehabilitado políticamente y de ahí que volviera al Español y con las cuatro actuaciones con selección obtuvo la absolución.

La etapa internacional de Martorell finalizó el 11, de marzo de 1945, día en que debutó Ignacio Izaguirre Arregui, jugador del Valencia. Éste fue la gran figura durante mucho tiempo y baste recordar las fotografías que le hizo Vidal (padre) en sus famosas palomitas.

Su llegada al Valencia fue polémica porque se declaró en rebeldía en la Real Sociedad en la que tenía contrato. Un año estuvo castigado y al cabo del mismo ocupó la plaza de Pio que había sido el guardameta titular. Debutó contra el Madrid que le metió cinco goles, pero cuando se convirtió en titular fue unos de los ídolos de Mestalla. Los niños quieran ser Eizaguirre más que Mundo. Del Pio; Álvaro,, Juan Ramón se pasó al Eizaguirre, Älvaro Juan Ramón. Eran los tiempos en que los niños memorizábamos las alienaciones mejor que los reyes godos.

Los sucesores de Zamora no pudieron vivir una biografía tan historiada como la suya. Zamora, durante la Guerra, fue encarcelado en la Modelo de Madrid porque fue considerado de derechas. Había publicado artículos futbolísticos en el diario católico “Ya·. En la cárcel tuvo la ayuda de un loco poeta maldito Pedro Luis Gálvez. Este se presentó en el recinto donde tenía cierto mando, tal vez del que se desprendía de su cinturón armado, lo sacó a un balconcillo para que lo vieran todos. Le besó en la cabeza y advirtió de que cualquiera que se metiera con Ricardo tendría que enfrentarse a él. Pedro Luis Gálvez dijo que Zamora era su amigo y le había dado de comer muchas veces. “Es una injusticia que esté aquí”. El poeta, miembro de la bohemia, fue fusilado en abril de 1940.

La leyenda, encarcelada

Zamora, aunque encarcelado, tuvo el apoyo moral de sus colegas. En un partido jugado en Las Corts entre la selección Catalana y la Valenciana, durante el descanso, los capitanes de ambos equipos, Escolá e Iturraaspe subieron al palco de honor a pedir al presidente Lluis Companys que se interesara por su compañero.

Zamora pudo salir de la cárcel y se refugió en la embajada de Argentina, en el centro de Madrid, en la que pasó mucho miedo, según relató María de la Pîedad Colón de Carvajal, quien también estuvo allí acogida. Doña Piedad fue esposa del falangista Manuel Valdés Larrañaga. Este fue apodado “el mejor nadador de la Falange” porque fue campeón de España de natación en los 100 metros. Fue entrenado de chaval en Bilbao por el hermano de Pichichi.

Zamora para que al salir pudiera pasar inadvertido por los milicianos se dejó crecer la barba y caminó hacia el automóvil que le esperaba en la puerta con sombrero calado y gafas de sol Iba ciertamente preocupado y cuando pasó por delante del guardia este le tocó en el hombro y le dijo ¿Dónde vas Zamora tan disfrazado?

Zamora hijo, en el Valencia CF

El vehículo, con licencia diplomática, llegó al puerto de Valencia y con su esposa y su hijo, que le aguardaban, embarcó en el buque que le llevó a Francia. Zamora acabó su carera profesional futbolística en el Niza al que le llevó su amigo Pepe Samitier, que era muy íntimo de la mujer del presidente nicense. El barcelonista, entre otros detalles, tenía el de pasear el perrito de la presidenta. Ricardo hijo fue guardameta del Valencia. Mucho mejor de los que la crítica estimó. Siempre tuvo encima la sombra de su padre. En el Valencia llegó a jugar con un tobillo lesionado sin quejarse y abandonar su puesto.

En uno de mis viajes a Buenos Aires conversé con Pepe Sánchez Lage, enfermo de nostalgia de nuestra ciudad. Me habló de Ricardo con afecto y calificándole de un portero que no habíamos sabido reconocer. “Cuando el salía hacia el delantero que llegaba era como si le apareciera un tren de mercancías, Ocupaba el marco como nadie”, me dijo

En los años cincuenta se fue produciendo el elevo de los guardametas. Urquiaga fue al exilio y Florenza fue rescatado de un campo de concentración en Navarra por un teniente que lo reconoció y para purgar su republicanismo en lugar de volver a su club, el Aviedo, fue enrolado en Osasuna con el que jugó el partido de Mestalla en el que su club y el Atlético de Madrid, se disputaron una plaza en Primera por méritos de guerra. El valencianista Pio dio paso a Eizaguirre, en Las Corts, Velasco fue oscurecido por Ramallets, en San Mamés , desaparecido Blasco en el exilio, apareció Lezama quién dio paso después a Carmelo Cedrún, en el Atlético de Madrid apareció Tabales, En en el Real Madrid se hizo hueco y la presencia indiscutible en el once titular el alicantino José Bañón Gomzálvez Partió del Hércules para cubrir el puesto del que todavía se recordaba a Zamora. Bañón fue llamado a la selección en once ocasiones siempre como suplente de Ignacio Eizaguirre. Fue titular en una ocasión contra Portugal en un amistoso de 1947,, camiseta roja y pantalón azul. Se lesionó durante el juego y tuvo que ser sustituido por el bilbaíno Lezama.

La historia de José Bañón tiene dos matices. Como futbolista se tuvo que retirar a causa de una enfermedad pulmonar, pero como ciudadano tuvo un problema del que no se habló aunque del cual salió perjudicado. En partido contra Funcia (1-5) ,que se jugó en Colombes, unos españoles exiliados, que habían participado en la Guerra Civil y la Mundial ( la Séptima al mando del teniente burrrianense Amado Granell Mesado fue la primera parte del ejército francés que liberó París) acudieron a las gradas con ánimo de apoyar a su equipo, pero también para mostrar sus creencias políticas. Llevaron y ondearon las banderas republicanas. En el descanso al caminar hacia los vestuarios Bañón se volvió hacia aquellos compatriotas y les saludó. No volvió al equipo nacional y oficialmente se restiró por su enfermedad pulmonar. Acabó su vida como carnicero en el mercado de Alicante. Entrenó a varios quipos Hércules y Elche entre otros y aún se alineó en el Alicante en Tercera División en 1953, donde fue jugador y entrenador.

“El gato de Maracaná”

El cambio en la portería del equipo nacional se produjo en el Mundial de 1950. El primer partido contra Estados Unidos, lo disputó Eizaguirre que, además, fue capitán. En el segundo, disputado contra Chile, ya ocupé el puesto el catalán y barcelonista, Antonio Ramnallets. Por sus actuaciones en el Mundial fue apodado “El gato de Maracaná”. Cubrió una extensa etapa en su club con el que ganó todos los títulos posibles “Las cinco Copas” entre otros y futbolísticamente también fue entrenador.

Tras él llegó al equipo nacional el vasco Araquistain y después el también euskaldun Camelo Cedrún. Este fue el comienzo de la etapa de grandes guardametas nacidos en las canteras del Atletic y Real Sociedad. La gran figura que sucedió a Zanora en el podio nacional fue el zarauztarra José Ángel Iribar Cortajarena.

Zamora estableció con 46 intervenciones el record de paridos intencionales y la cifra la mejoró Iribar que cumplió 49. Éste pudo haber superado tal cifra, per por circunstancias dejó de pertenecer a la selección. Él y el capitán del Real Sociedad, Ignacio Kortabarría salieron en Atocha encabezando a los equipos portando la ikurriña que entonces estaba prohibida.

La cantera vasca proporcionó otros guardametas muy destacaos como Urruticoechea, que también fue internacional, Artola y Esnaola. La bandera de los grandes la ocupó durante unos años José Ángel Arconada. Fue un portero extraordinario en todos los aspectos. En la selección se mantuvo en el primer lugar y con su club ganó dos veces la Liga y una Copa. Durante un tiempo se hizo famoso el eslogan nacido en Atocha de que “no pasa nada, tenemos Arconada”.

El cancerbero vasco que ha permanecido en el ámbito cultural es Eduardo Chillida quien se retiró a causa de una lesión de las que ahora se curan sin problemas. Lo que perdió el fútbol lo ganó la escultura.

El último en el podio, el hombre que coronó la orla más moderna fue Andoni Zubizarreta. Tuve el honor de fotografíame con él al final de un partido de la selección en Viena. Él era recordman de partidos internacionales yo en crónicas de la selección en las que había comenzado por el España,2 ; Escocia 6 . Fue el 23 de abril de 1963, día del debut de Vicente Guillot, Guillotín, como le llamaba Llácer. Andoni pasó del Athletic al Barça y, finalmente recayó en Mestalla. Fue como valencianista el digno sucesor de Ignacio Eizagirre.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents