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Opinión | Algo personal

València

Censura, fútbol y racismo

Lamine Yamal, futbolista de la seleccion española.

Lamine Yamal, futbolista de la seleccion española. / ED

Hace unos días una amiga me enviaba una noticia, aparecida en los medios franceses y protagonizada por M. Rajoy. Decía el expresidente del Gobierno que la selección francesa de fútbol tenía un equipo excelente en este mundial, «pero sin franceses». El autor de la crónica francesa se mostraba sorprendido porque Republicanos, el partido del presidente Macron, y el PP eran de la misma cuerda. Yo le contesté enseguida a Valérie: la diferencia entre uno y otro es que Republicanos es un partido de derechas y el PP es un partido de extrema derecha. Un partido fundado por varios exministros de Franco y cuyas cabezas más visibles -Aznar, Feijóo, Díaz Ayuso- están claramente alineadas, en un vasallaje que da vergüenza ajena, con las tesis ultras de Trump y su becario Abascal en tareas subalternas de falangista chico de los recados.

Contenido político

El Institut Valencià de Cultura (IVC), organismo de la Conselleria de Cultura, edita todos los años el Catálogo del Circuit Cultural Valencià. Los municipios adheridos al Circuit acuden a ese catálogo para conocer las propuestas escénicas de compañías valencianas y poder programarlas en el calendario de sus actividades culturales. ¿Y qué ha pasado para que algo tan útil y normal se haya convertido en noticia? Pues muy sencillo: los responsables de ese ya famoso catálogo han decidido excluir de su listado los espectáculos de Xavi Castillo y su compañía Pot de Plom. O sea: censura, ¿vale? Censura.

No sé si saben ustedes quién es Xavi Castillo. Imagino que la mayoría de quienes me están leyendo sí que lo sabe. Pero como ahora se leen los periódicos también por internet, o sea desde lejos, pues lo aclaro: Xavi Castillo es un cómico. Como lo era mi padre en los años cincuenta cuando iba por los pueblos con el grupo teatral de Gestalgar y como cuenta de maravilla Fernán Gómez en Viaje a ninguna parte. Lo que pasa es que Xavi Castillo es pura nitroglicerina en estado permanente de detonación. Es un artista que se mete en las raíces de lo que nos pasa y les saca los colores a quienes han convertido la savia de esas raíces en mierda. Y lo hace con un humor a lo bestia, sin cortarse un pelo (entre otras cosas porque no tiene) y ahí su palabra deviene en grito libertario, en creatividad artística sin medias tintas, en ‘paraula de déu’ coronada por el triángulo bíblico que a veces saca a relucir en el escenario. El Ayuntamiento de Alginet, un pueblo de la Ribera Alta, ya ha cancelado la presentación del espectáculo de Pot de Plom Veriueu-ho! Especial El Ventorro. El motivo de la suspensión era, en boca de la alcaldesa del PP, Elia Ferrer, «su contenido político». Y se ha quedado tan ancha, la mujer. ¿Me podría citar la ilustre censora algo -sólo algo- que no sea político en el teatro y en todo? Seguro que si a ella le preguntan por qué es alcaldesa dirá que ella no es política. Y tampoco lo que hace. ¡Qué cruz, señor, qué cruz con esta gente!

Xavi Castillo excluido del catálogo del IVC.

Xavi Castillo excluido del catálogo del IVC. / ED

Son muchos más los espectáculos excluidos de su catálogo por el IVC. De otras compañías. Por eso la Associació Valenciana d’Empreses d’Arts Escèniques (AVETID) ha mostrado públicamente su disconformidad con esas muestras de censura, unas muestras que ya empezaron a ser notables al principio de esta legislatura con la estrecha relación entre PP y Vox. En ese sentido, apuntan a una revisión y transparencia de los criterios que sigue el IVC para aceptar o rechazar espectáculos de compañías valencianas. Se trata de compañías que, según AVETID, «cumplen ampliamente los criterios de profesionalidad, calidad artística y solvencia técnica que justifican su inclusión dentro de una programación pública destinada a fomentar las artes escénicas». Los criterios, visto lo visto, están claros: nada de «política» si el espectáculo y el artista son considerados de izquierdas por la comisión censora. Y punto.

Prioridad nacional en el fútbol

No corren buenos tiempos para otra lírica que no sea la del vasallaje. O estás con el PP y Vox o pasarás a formar parte de la exclusión, de la invisibilidad, incluso de la inexistencia. Y es que no lo pueden evitar: les va la marcha de la censura, de dejar bien claro que quien manda manda y que aquí mandan los de ese sorbesopas que en el colmo del racismo se atreve a decir al fútbol francés que por qué no aplica en su selección la prioridad nacional que tanto gustan a Vox y a su partido. Y hablando de ese racismo: sólo Borja Iglesias y el jovencísimo hijo de inmigrantes africanos Lamine Yamal han criticado las palabras racistas del expresidente. Los demás futbolistas de la selección -españoles, mucho españoles- no han dicho ni mu, como ya hicieron cuando la agresión de Luis Rubiales a Jennifer Hermoso. Una lección ejemplar les ha dado el chaval Lamine: «si el fútbol sirve para algo es para integrar». ¿Y a ellos qué? A ellos, pues nada: la pasta gansa y la buena vida. ¡Qué cruz, señor, qué cruz con esta gente!

Y para cerrar esta columna, volvamos a la censura. Aquí, más aún que en la etapa de Mazón, es Vox el que de verdad gobierna la Generalitat. En los presupuestos que ha pactado con los ultras el presidente interino Pérez Llorca todo, absolutamente todo, es de extrema derecha. Da miedo leer a qué se dedicarán esos presupuestos. Y es que, como le dije a la amiga francesa, el PP ya hace tiempo que abandonó los valores de la democracia y abrazó los de la dictadura, los de esa dictadura a la que, por otra parte, nunca renunciaron. Y el año que viene, elecciones…

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