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Opinión | No hagan olas

València

Ciudades y comunicación: una diversidad temática

Selección española Mundial 2026

Selección española Mundial 2026 / @SEFutbol

Entre sus muchas virtudes –y negocios–, el Mundial de fútbol tiene a bien concentrar la atención mediática, en especial si la selección de tu país va avanzando en un campeonato que la Fifa alarga durante un mes y pico. Aunque, según dicen, no tiene suficiente y anuncia que estirará la próxima competición balompédica todavía un poco más, incluyendo pausas para hidratación y espectáculos musicales en los descansos.

Pero lejos de suponer una brasa aburrida y cotidiana, el Mundial tiene en estos momentos la higiénica capacidad de desvanecer los otros temas de la agenda de la comunicación a la que estamos sometidos a diario. Se trata de un efecto disolvente sanador, que obliga a los medios a dar preferencia jerárquica de modo más aleatorio a sus subsiguientes temas. Lo secundario, en estos casos, deja al descubierto las peculiaridades de cada ámbito mediático, de tal suerte que podemos comprobar la singularidad de los intereses que el periodismo establece ya sean de una ciudad y su territorio-región de influencia, o de otra. Son las geografías de repercusión informativa que ahora abandonamos, por unos días mundialistas, incluidos los efectos tóxicos de la llamada polarización.

A estas alturas de la profesión seguimos sin saber qué fue antes, el huevo o la gallina. Si son los intereses que respira la sociedad a la que se dirigen los medios lo que recomienda adaptar la información a esos gustos y valores. O, por el contrario, son los medios los que manipulan y catalizan a sus clientes, tanto audiencias como lectores… En el argot periodístico se decía que era más difícil cambiar de periódico que de pareja marital, tal fue la simbiosis entre las cabeceras y sus fieles suscriptores. Ni siquiera la aparición de radios y televisiones con infinitos canales y plataformas ha modificado en exceso los hábitos humanos que, lejos de surtirse una diversa macedonia informativa para luego valorar y elegir, suelen decantarse por un esquema de preferencias jerarquizadas en función de sus gustos o afinidades ideológicas. El Zaratustra de Nietzsche decía que «elegir es crear», pero en nuestra sociedad de masas actual, a lo que parece, «elegir es recrear» aquello en lo que ya creemos.

Detengámonos, por ejemplo, en el formidable thriller en que se ha convertido la muerte de Isak Andic, el catalán más rico, de origen judeoarmenio, creador de Mango e impulsor del Banco de Sabadell, entidad que le hizo un buen roto en su momento. Gracias a la prensa barcelonesa conocemos múltiples relatos y diversos personajes de una trama que parece sacada de un telefilm de detectives que tanto abundan hoy en día, resucitados Agatha Christie y el Padre Brown con sus múltiples emuladores.

De la instrucción del caso Andic apenas se cuenta nada en los periódicos madrileños, pero en Barcelona es el tema de todas las tertulias. Y no tanto si lo mató o no su hijo Jonathan, lo cual parece un desiderátum imposible de despejar, sino todos los elementos secundarios que lo rodean: el fracaso de Jonathan como gestor de Mango, la aparición de una terapeuta no colegiada que también ha tratado a otras familias acaudaladas de los barrios altos al oeste de la ciudad condal, las notas de las asociaciones oficiales de psicoanalistas –tanto los seguidores de Freud como los de Lacan, desentendiéndose de la anterior–, la existencia de un testamento por el que Isak lo dejaba casi todo a una fundación sin ánimo de lucro o la aparición de su última pareja, una exjugadora de golf, también rica, pero no tanto, muy atractiva, consejera de Atresmedia y que ha obtenido de los tres hijos de Andic veintitantos millones a tocateja para no pleitear por el testamento de Isak, veinte años mayor y, como ella, con una intensa vida amorosa. Un buen culebrón que apasiona en los descansillos del Liceo y las terrazas de Pedralbes y Sant Gervasi.

Nadie cae en la cuenta, sin embargo, que desde que el Real Madrid ya no es el principal nutriente de la selección de España, ésta no ha parado de ganar. Fue sentar Luis Aragonés a Raúl, y entre los chiquillos de la Masía y las canteras vascas propulsar a la que llaman la Roja. Silencio en Madrid. Aquí solo interesa el poder, el del Estado. Lo demás es aleatorio, un suave sarampión. Se trata del Poder con mayúsculas, del que dependen muchas cosas, no solo las grandes contratas de obra pública o las compras farmacéuticas y hospitalarias, sino también las autorizaciones universitarias, el sistema energético, el militar, el policial y el judicial con todos sus ascensos y opositantes. Y también el mediático, dado que no existe control equitativo alguno sobre las campañas publicitarias o patrocinios que reciben los medios de los poderes públicos y las grandes corporaciones. Ni de las deudas contraídas con los poderosos bancarios.

Madrid vive escorada. Por un lado, la toma del poder y que cada uno haga lo que pueda. Pero por otro, un círculo defensivo constituido mayormente por los representantes culturales de referencia que abarca, sobre todo, a escritores, músicos comprometidos y al personal profesionalizado del cine español. No solo procuran una defensa acrítica del progresismo en este país, sino que arremeten contra cualquier desviacionismo intelectual. Las cruzadas contra quienes abandonan ese barco o simplemente crean su propio ecosistema cultural al margen del dictado orgánico, son desprestigiados de modo furibundo, como el caso que sucede ahora mismo con una serie de revistas sevillanas. En Andalucía resulta imposible aflorar cultura más allá del folklore, la tauromaquia o de Lorca.

Todo eso ocurre mientras en el País Vasco se vive todavía la resaca del terrorismo, manteniendo un silencio sonoro sobre cuestiones políticas. Los vascos ya no discuten ni por reivindicar una selección de Euskadi para el fútbol. Han descubierto que con un buen cupo se vive mejor y sus intereses son estrictamente lúdicos y sensuales. Aplauden los goles de Oyarzabal y Merino, y como quiera que el himno español no se canta… España carece de prosodia. En las tierras de Sabino Arana lo importante es si hay un nuevo buen restaurante, a quién le dan las estrellas y los soles o si Juanmari Arzak, Subijana o Berasategui ya se han jubilado y no se sabe quién presidirá este año el concurso de pintxos o el de tortilla.

Aunque, hoy, lo importante va a suceder al otro lado del Hudson, en Nueva Jersey, en la casa de los Giants y los Jets neoyorquinos. Esta noche el mundo elegirá al sucesor de Pelé, y será un niño hecho futbolista en la Masía. Esperemos que sea el más joven.

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