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Opinión | El día del señor

València

Keir Starmer 2

El primer ministro británico, Keir Starmer, en Downing Street.

El primer ministro británico, Keir Starmer, en Downing Street. / Thomas Krych / Zuma Press / Europa Press / Contact

Por más que lo estudio no hay manera de descifrar las claves de la tarea que se asignaron los socialdemócratas como Starmer: de silencio en silencio hasta la mudez final y la muerte funcionarial. O sea, la pasta segura en el banco.

El único rasgo del que teníamos noticia de este amante de los círculos era, al parecer, un contacto, discreto como los discretos circunloquios hebreos de Gran Bretaña.

He aquí políticas identitarias que al parecer se han de cuidar para complacer a cualquiera a los barandas asentado sobre una hoja de papel de lija, a un pequeño país, pequeño pero muy puñetero, tareas para un gran político que no llega, alguien como Isaac Rabin.

También puede ocurrir que las principales formaciones políticas consideren que la mataron porque era suya, la formación. El alejamiento de las tareas propias de quienes tienen ocupaciones políticas, son como vivir bajo el fuego y ya no sabemos si nuestro colega predica la quietud universal o la fractura de rodilla: les puedo asegurar que no todos los socialistas salieron tan mal, con tanta rapacidad como Bettino Craxi. Puede que el señor Starmer busque un fajo de acciones de la Shell, pero no serían cosas tan grotescas como un servicio de media docena de cubiertos de plata. Es una idea que se me viene a la cabeza cuando pienso en otro pájaro que a falta de una identidad clara hace como si se rascase y le molestara la nariz. Por mí, como si se toman un baño de barro. Cuando veo a MRajoy, pienso en un tobogán. No todo nuestro mundo fue un tanto desquiciado, bastante, tanto como como para convertirse en la cofradía de quienes después de circunvalar la Tierra, te dice: “Cuñado, te he traído un detallito”.

Escuela y salud. La mayoría no tiene ningún misterio solo el simple hecho de salir a la palestra y hacerlo con dinero público y ofrecer el resultado de la inversión. Habrá enseñanza pública y quien dice investigación debería decir cabeza y hombros.

La sanidad es igual y ningún conjuro ha revelado, con inteligencia práctica alguno de los misterios eleusinos. El chico que era un poco cabestro es el que te está curando las llagas ahora mismo. Para defenderse de daños mayores dice: “la consulta pública es como la privada, pero con sofá de diseño”.

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