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Opinión

València

¡Mi amor humano!

Diferentes productos de Inteligencia Artificial.

Diferentes productos de Inteligencia Artificial. / Philip Dulian/dpa - Archivo

Ante la contaminación tecnológica que invade el mundo, el error aparece como el símbolo de la humanidad. Y no es que las nuevas inteligencias artificiales no se equivoquen (que lo hacen) pero se muestran tan falsamente seguras en sus afirmaciones que la falta de sentido crítico les ofrecen credibilidad prácticamente divina. Los humanos no solo erramos, sino que aceptamos nuestros errores y crecemos sobre ellos. Reivindicar el error es reivindicar un mundo más humano y más humanista.

El capitalismo, que todo lo convierte en negocio, se aprovecha de ello y la app Sinceerly combate la supuesta excelencia de la IA con escritos menos perfectos. Una de sus opciones, la que introduce fallos a propósito para hacer ver que el texto ha sido “realizado” por una persona y no una máquina, se denomina “humana”. La tecnología se adueña del error en su voluntad de parecer más humana, más original y menos automatizada. Y es que en breve no sabremos diferenciar real de ficticio, humano de artificial, sobre todo porque todo es un poco falso. La gran mayoría de publicaciones de LinkedIn están configuradas con IA. Una delegación total de competencias y autonomía.

Sin embargo, la responsabilidad siempre es humana, por mucha tecnología que se aplique entre la decisión y el acto. Reivindicar justicia pasa por reivindicar humanidad, es decir, autonomía. Los drones han robotizado el asesinato. Antes se deshumanizaba al asesinado y ahora parece desaparecer el asesino. Pero no, la víctima, si no es olvidada, nunca muere del todo, germinando en otros y otras. La culpabilidad, al contrario, no se robotiza, no es posible interpretarla como artificial. La responsabilidad recae sobre los que utilizan los nuevos descubrimientos, dejó escrito Einstein.

Reivindicar el error e incluso el fracaso nos hará libres a la interferencia tecnológica que ha fragmentado nuestras vidas y les ha restado autenticidad porque cada vez son menos conscientes al haber limado la autonomía. Si del contenido que leemos en superficies digitales no recordamos ni una cuarta parte es porque tocar es vivencial y lo que se vive se recuerda. Errar es sinónimo de esfuerzo pero sobre todo de implicación.

Entona Federico García Lorca en “Poeta en Nueva York”: “Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina, quiero mi libertad, mi amor humano en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera ¡Mi amor humano!”

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