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Opinión | La veleta de papel

València

Alegría

En meses no se va a poder hablar con nadie de Foios, seguro, pero reconozco que tienen motivos

Ferran Torres celebra el gol que dio el Mundial a España.

Ferran Torres celebra el gol que dio el Mundial a España.

Es motivo de orgullo que España sea el único Estado que ostenta el título simultaneo de Campeón Mundial de Fútbol tanto masculino como femenino. El domingo la selección masculina logró su segunda estrella con un gol de alguien nacido y criado en l’Horta Nord: Ferran Torres. En meses no se va a poder hablar con nadie de Foios, seguro, pero reconozco que tienen motivos.

La victoria nunca es un logro individual sino el trabajo del conjunto que ha permitido llegar a una final y ganarla. Contra un país, Argentina, al que queremos y al que nos unen muchos lazos culturales y de sangre. Nuestra selección es el reflejo de lo que es la gran mayoría de España, un país heterogéneo que avanza firme y seguro de sí mismos. Gente que quiere vivir, trabajar y disfrutar con los demás, sin estridencias, gritos o agresiones. Este es el motivo por el muchos y muchas nos sentimos como si físicamente hubiésemos conseguido la copa también nosotros y no estos brillantes deportistas que nos representaron.

En el palco de presidencia de la final, estaban gente tan distinta como los intereses a los que representan, sin embargo la educación y la cortesía se impusieron. La única que parecía algo cohibida (junto a Trump) era la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aunque imagino que se sentiría más cómoda con los Reyes de España, sus hijas y nuestro presidente, Pedro Sánchez, a quienes conoce personalmente y con los que pudo hablar en castellano. Al final triunfó la alegría y las buenas formas; lo correcto.

Como se ha podido demostrar empíricamente estos días, la sociedad española es una a la que le gusta la convivencia pacífica; que no desea violencias de ninguna clase; ni los abusos de los poderosos que son una minoría absoluta; a la que las exageraciones o el uso incorrecto del poder le repugna. La clase política española está cada vez más alejada del pueblo al que pretenden gobernar y está ciega ante este hecho. Creen que su estrategia de radicalizar el discurso y la sociedad les llevará en volandas al poder, cuando lo cierto es que nos está acercando peligrosamente a un precipicio del que no saldremos sin heridas. Mas tiempo habrá de censurarlo.

Ahora es tiempo de alegría, de contento generalizado, de celebrarlo en las calles; de sentirnos todos campeones aunque estemos sentados en nuestro sillones caseros con una bebida fresquita en la mano. De soportar este calor infernal que estamos sufriendo y que por lo que parece aun no se ha acabado. Es tiempo de vivir y convivir alegres con nuestros vecinos y felicitar a este grupo de jóvenes triunfadores. Sin olvidar a quien sufre.

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