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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

El héroe de Foios

El juego limpio, la verdad y la búsqueda de acuerdos son el mejor antídoto contra las fábricas del odio

Ferran Torres colaboró en las tareas de limpieza tras la dana en València.

Ferran Torres colaboró en las tareas de limpieza tras la dana en València. / ED

Dos portadas mundiales con dieciséis años de diferencia dan mucho juego. Como el fútbol es la cosa más importante entre las menos importantes —es decir, la vida misma—, primero nos aparecen las ausencias, porque la memoria también alimenta; después, el balance de los tuyos; y, por último, el inventario de cicatrices y achaques propio. Visto así, todo lo demás pierde relevancia.

La semana pasada, uno de los pocos intelectuales que aún conservamos advertía del riesgo de normalizar el odio. Citaba el caso de una autoridad relevante que fue insultada en un centro comercial mientras compraba acompañada de sus hijas menores. Que somos y estamos más intolerantes parece evidente. Sin embargo, defiendo que la polarización instalada en la agenda pública todavía no ha penetrado del todo en los ámbitos más cercanos.

Las concentraciones multitudinarias para seguir la finalíssima del domingo demostraron, precisamente, cuánto necesitamos espacios compartidos de bienestar. Las sociedades confortables se construyen alrededor de esos objetivos comunes que bien conocemos, como la libertad, la educación, la igualdad o la sanidad. También mediante la fraternidad que despiertan ciertos desafíos deportivos. Lo más difícil es hacer atractiva la convivencia cotidiana, especialmente cuando las legitimidades con vocación absoluta se enfrentan sin descanso.

El gol de Ferran en Nueva York, como el de Iniesta en Johannesburgo, simboliza la solidaridad y el trabajo colectivo frente al egoísmo que alimenta el populismo, uno de los males de nuestro tiempo. En cualquier equipo, desde una pachanga hasta una selección campeona, cada cual sabe quién ataca, quién defiende, quién crea, quién destruye, quién detiene y quién corre. Es una pequeña lección para afrontar emergencias, ya procedan de las patadas del rival o de la ineficacia gubernamental.

El mejor antídoto contra las fábricas del odio que proliferan a diario es el juego limpio que comparte la verdad, busca fortuna entre personas respetables y compite con alegría para resolver los problemas cotidianos de la mayoría. Ganar cuesta, como hemos comprobado en este Mundial, pero el primer paso consiste en elegir a quienes creen en el proyecto de llegar a acuerdos. Como el héroe de Foios.

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