Opinión | Traspapelado
Un hombre caminando hacia el desastre

Expositor con novedades en la última Fira del Llibre de València. / Francisco Calabuig
“Las cosas pequeñas no son nada, y de golpe se vuelven notables. Es la historia de casi todas las vidas” (Juan Tallón, Mil cosas). “No me gusta la gente que sabe. O que muestra que sabe. El saber no sabe” (Fleur Jaeggy, El último de la estirpe). “El amor no se disfruta, se padece. Debilita. Crea dependencia, hace tambalear” (Jesús García Cívico, Me hicisteis mal). “A veces me da miedo lo que me voy a encontrar en el móvil” (Jonathan Coe, Las pruebas de mi inocencia). “Yo no sabía adonde llegaba, solo sabía de donde me iba: huir se convirtió en el verbo que más he conjugado, pero si preguntas a los demás te dirán que soy una persona que se queda, que no sabe irse, que no deja que los demás se vayan” (Pol Guasch, Reliquia). “En el rostro de Paul [Auster] me veía mejor de lo que soy, pero no mejor de lo que quiero ser (Siri Hustvedt, Historias de fantasmas). “Esto es lo que queda al final, unas cuantas inspiraciones y expiraciones compartidas en la oscuridad” (Gueorgui Gospodínov, El jardinero y la muerte). “El ser humano no está hecho para darse cuenta de que es feliz” (Bibiana Collado, Marcelino). “La vida me volvió a enseñar lo que soy, lo que no puedo dejar de ser, y lo que no me perdono” (Héctor Abad Faciolince, Ahora y en la hora). “Los recuerdos, un refugio para cuando la mala vida aprieta” (Alfons Cervera, Singapur). “Me gusta el orden como principio natural y como espontaneidad profundamente regulada” (Thomas Mann, Resumen de mi vida). “Él era periodista, y nunca se podía confiar en los periodistas” (Zulfu Livaneli, La casa de Leyla). “Era maestro en dudar de sí mismo” (Woody Allen, ¿Qué pasa con Baum?) “La verdadera libertad no es vivir como queremos, sino no impedir a otros que vivan como ellos quieren” (Theodor Kallifatides, Una mujer a quien amar). “El siglo XXI ha surgido sin utopías, sin horizonte de espera” (Joan Romero, Desorden global).
Tocaría hablar de la Odisea y Nolan, pero no me ha dado la vida, aunque por lo oído y leído la película es más del director que de Homero. Normal. Uno acaba siempre hablando de sí mismo, de sus traumas y obsesiones, y más cuando tiende a la grandilocuencia. Yo he preferido despedir esta temporada de libros con algunas notas que he ido tomando de los últimos, porque leer es también escribir. Y escribirte. Y descubrirte, como habrán notado. Dejo una final (con retranca): “Un subdirector es en el fondo un redactor al que hacen trabajar más, solo que en un despacho propio y con un cargo cuyo nombre hace creer que es el segundo que más manda, lo que no deja de ser un chiste” (Juan Tallón, Mil cosas). Y la definitiva de este curso: “Qué ingenuos parecemos cuando no conocemos nuestro destino. Un hombre caminando tranquilamente hacia el desastre… Pero no pienso hundirme” (Hanif Kureishi, A pedazos). Ni yo, ni yo. Un camino voluntario y con apariencia de inconsciente hacia el desastre: así es la vida.
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