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Opinión | El día del señor

València

Física del coche

Imagen de archivo.

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Un acto de coraje y de buenas maneras, aún serviría para normalizar todos los indicios y pruebas del deterioro del aire, el agua, los recursos naturales, con algún añadido en forma omnipresente de polvo sahariano.

El nerviosismo y enfado de estos mismo patricios o peones del gran dinero, cada vez que se les miente la falta de decoro y la opacidad ambiental, se inquietan.

Segmentos de la comunicación social y gente valerosa de todo tipo ya saben que el humo forma un penacho en lo alto de nuestras cabezas, y en la portería y en sitios parecidos se les entretiene repitiendo aquello de “quien sabe”. “o quizás sea así”, etcétera.

A fin de cuentas, hemos ideado los métodos correctos para capturar el nitrógeno destinado a nuestros cultivos y un modo de aprovechamiento de los recursos en una cadena sin fin. Luego llegan las elecciones y hasta el último botarate reclama el derecho a soltar aquello del fanatismo climático por incompetencia.

Yo pensaba que eran los fanáticos quienes sostenían el armazón de los riesgos excesivos, ya ven: hemos tenido que sufrir una rocosa resistencia.

El calentamiento global –dicen–no es ni puede ser tan peligroso porque les parece un fenómeno natural. Pues no, tienen muy poco de naturales, aunque siempre hay alguien para atiborrarse (de gambas), pongo por caso. En los cines ABC Lys tendremos pronto un documental que no deja lugar a dudas. Cuando ya no les queda miedo ni agitación a los señores de las cuatro ruedas, buscan en lo más hondo de los cajones de la mesa para que aparezcan en un instante asuntos antiguos e igualmente desesperados. Un informe, un manifiesto redactado a máquina en el cajón abisal del mueble. Tampoco caben dudas cuando la General Motors, la Volkswagen o cualquier otro major del negocio saca el informe que dormía en el escritorio con llave. Eran los años 70, pero entonces como ahora nos gusta comernos la gamba y tirar por ahí las cáscaras.

Creo que la Física apareció pensando y comparando el buga idóneo para cada caballero. Algunos ya los habían anticipado mucho antes. La luz, cuando se le acerca a una estrella masiva se retuerce, como el espacio tiempo. Para entretener el alma no hay nada como los tallos de la yerba en ámbito de ingravidez. Mucha juerga

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