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Opinión | Cuaderno de Resistencia

Ramón Ferrando

Ramón Ferrando

Redactor en la sección de Economía

Ahora sí, la factoría de Almussafes está salvada

El vicepresidente ejecutivo de Geely, Victor Joung, con el presidente de Ford Europa, Jim Baumbick, durante la presentación de la joint venture entre las dos empresas.

El vicepresidente ejecutivo de Geely, Victor Joung, con el presidente de Ford Europa, Jim Baumbick, durante la presentación de la joint venture entre las dos empresas. / Germán Caballero

Confieso que en los últimos cuatro años no he conseguido salir del asombro en torno a lo que ha estado pasando en la factoría de Ford Almussafes. Cuando uno piensa en grandes multinacionales con más de cien años de historia cree que está ante corporaciones serias. Sin embargo, muchas veces he visto situaciones surrealistas que si no fuera por el drama que esconden detrás son de chiste. Y lo digo de forma directa: Ford llevaba cuatro años tomando el pelo a los trabajadores, a la Administración y a todos en general. 

La empresa está en Europa en una situación agónica básicamente porque no vende coches y ha llegado tarde a la electrificación. En los últimos años su capacidad de producción ha ido menguando a la par que las ventas. Esto le llevó en 2022 a fomentar una competición entre la planta alemana de Saarlouis y la de Almussafes para ver qué trabajadores estaban más dispuestos a rebajarse los derechos.

El premio para el ganador era la adjudicación de dos eléctricos que supuestamente debían garantizar el futuro. El perdedor se llevaba el cierre. La Administración valenciana y estatal plantaron batalla y los trabajadores de la planta cedieron parte de sus derechos a cambio de conseguir los ansiados eléctricos. Ganó Valencia.

Ford logró ayudas del perte de la electrificación en dos tandas por valor de 143,9 millones de euros, pero las dos veces renunció a ellas después de haber estado mareando a la Administración.

De volantazo en volantazo

En mayo de 2024, la compañía americana dio otro volantazo y canceló la adjudicación de los dos eléctricos que iba a producir Almussafes y a cambio prometió un multienergía del que se iban a fabricar 300.000 unidades. Algún incauto en el Gobierno celebró la decisión, señalando que suponía la salvación de Almussafes. 

No fue así. Un año después, la marca del óvalo rebajó la cifra de 300.000 a 200.000 porque el plan inicial era enviar parte de la producción a Estados Unidos, pero llegaron los aranceles de Trump.

Producción bajo mínimos

Tras años sin desvelar nada sobre el modelo que debía salvar la planta y con la factoría produciendo en mínimos por fin esta primavera ya ha concretado el multienergía (que será una variante del Bronco), aunque ha llegado debajo del brazo con otro recorte de producción. Ahora van a ser poco más de 180.000. 

Por medio, los dos eléctricos de Ford que debía producir Almussafes los va a acabar haciendo Renault en sus plantas del norte de Francia con trabajadores galos.

Y en esto han llegado los chinos. Las empresas chinas necesitan producir en Europa para esquivar los aranceles que les impuso Bruselas y la factoría de Ford Almussafes es perfecta para fabricar por la vía rápida: tiene mano de obra cualificada y comprometida, está situada a escasos kilómetros de uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y las relaciones entre el Gobierno español y el chino (que está detrás de su industria del motor) son inmejorables.

Y celebro que después de la travesía por el desierto que han sufrido los trabajadores esta vez sí es la buena. Geely ha venido con ganas. De momento se ha hecho con el 34 % de la propiedad de la fábrica y va a producir dos modelos de coches eléctricos. Los vehículos eléctricos pueden gustar más o menos, pero son el futuro.

El "amigo americano"

Y cierro con una reflexión sobre el “amigo americano”. No está mal que Ford continúe perdonándonos la vida a todos (Administración, trabajadores y sociedad). En la presentación del acuerdo con Geely le dejó clara a la prensa española que no es de fiar. Todos culpables por contar un día antes lo que era un secreto a voces. Yo era un enamorado de Estados Unidos, pero confieso que cada vez me fío más de China. 

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