Opinión | A quien lea

Periodista y editor
El eterno malestar del arte

Museo de Bellas Artes en la ciudad de València / Francisco Calabuig
“Des del teu vast domini, veus la llum
trista, de fang que embruta el nostre
orgullòs, tèrbol i cansat país,
davant un temps petrificat, on cada
flor, cada nom i cada sim no té
sino la força que de tu li brolla.”
Miquel Dolç.Sta, Maria del Camí, Mallorca
“Tot cap endins és vida”, a Joan Miró-1984
No es posible entender una ciudad ni un país sin arte. ¿Si estamos en la era tecnológica donde lo digital y la robótica suplen, a su manera. la creatividad humana, hasta el punto de la exaltación de la inteligencia artificial, qué queda para la vida interior y catártica de los humanos? El intelectual y político Ferrán Mascarell esgrime propuestas poderosas para creer que la sociedad urbana y geopolítica marca su trayectoria cabalgando sobre la cultura. Situándose en el corazón de su razón de ser. El estratega galo, Jacques Attali hoy desencantado, en su “Diccionario del siglo XXI” es rotundo al afirmar que el arte continuará siendo un fenómeno individual e imprevisible.
Siempre nómadas
El artista sigue siendo nómada, un exiliado interior que se expresa. El que permanece a modo de reserva del pensamiento, con capacidad para dejar constancia y revitalizar el mundo de siempre. Un minuto antes de su autodestrucción. En la prolija cosmología de Attali, de origen judío, los nómadas son los que han de salvar a las civilizaciones de su aniquilación. Cuando no quede nada, al menos sobrevivirá el arte y sus protagonistas, los creadores artísticos. Los que nunca se aferran a la opción unidireccional en un contexto geopolítico, económico y social donde todo es posible. Contra la era de los populismos y la ‘prioridad nacional’, como vuelta a la cerrazón de la ignorancia introspectiva, la reserva de artistas –pensadores e intelectuales- ofrece la mejor garantía de que la cultura resurgirá potente de sus cenizas y mostrará al mundo un horizonte de esperanza..
Xàbia eterna
El 7 de agosto, justo antes del eclipse lunar, los amigos del pintor valenciano, Vicente Colom, se disponen a inaugurar la exposición que recoge su obra más íntima en la Casa del Cable de Xàbia. El arte encontrará la encrucijada más concentrada de su inspiración. Plasmada en la aportación impulsora de Tomás Ruíz Company, la labor del fotógrafo, Mateo Gamón y la maquetación gráfica del mejor diseñador español del momento, Pepe Gimeno..En la presentación de la muestra: “Vicente Colom, fuera de sí mismo” se describe la peregrinación del pintor con punto de salida y llegada en Duanes de Mar, Xàbia. En la Xàbia eterna que queda tras las incursiones y la prepotencia de quienes se basan en el desmadre turístico para desfigurar el paisaje y la particularidad xabiense. Vicente Colom se inició al mar y al mundo en el microterritorio del Cap de Sant Antoni al Cap Prim y al Cap de la Nau.
Cultura vital
El arte se abre para exaltar la belleza e inspirar posibles oportunidades para la libertad de pensamiento y de ideas. La prueba de que el arte y sus posibilidades no mueren, está en el abanico de proyectos destacados, ligados a la cultura en toda su amplitud, que permiten conservar la esperanza de que los creadores artísticos y sus mecenas no dejan de dar muestras de vitalidad trascendental. La iniciativa y el patrocinio en la mayoría de opciones que perviven en el arte y la cultura, proceden del sector privado. La vertiente pública tan sólo actúa de cara al almacenamiento. La supeditación de museos, exposiciones y centros de cultura creativa, es la degeneración del mundo de la belleza y de las ideas, a las decisiones de los intereses políticos. La sociedad española, permanece huera aunque necesitada de la gestión cultural que caracteriza a las áreas de vida en común avanzadas y con voluntad de ser.
Fundació Miró
Ha sido Andreu Mas -Colell, político y catedrático catalán el que ha denunciado los requerimientos de la Fundació Miró, de Barcelona, para proseguir en su línea de servir a la sociedad que la vio nacer, a los principios fundacionales de esta institución y a la modernidad que necesitan implementar, Barcelona y Cataluña, en su papel de oferta cultural española. Mas Colell considera que, además de las aportaciones públicas y las de los poderosos mecenas admiradores de la obra de Miró, es la participación privada de empresas, compañías y organizaciones, las que además de defender sus intereses estrictos, las que han de marcar su política. No sólo en defensa de la acción cultural sino desde su compromiso de devolver a la sociedad parte de sus beneficios, en forma de financiación y también de gestión.
Centro Cultural Gulbenkian
Si un viajero, por tierras ibéricas, recala en la bellísima y sugestiva ciudad de Lisboa, no puede dejar de visitar y conocer el centro cultural y Museo Calouste Gulbenkian, creado por el hombre de negocios más rico de su época (1955). De origen armenio, nacido en Estambul, con doble nacionalidad británica y portuguesa. Otro nómada creador de riqueza en el campo financiero y en el comercio del petróleo. Con su apuesta en el arte y la belleza. Dejó a Portugal y a la capital lisboeta su herencia económica y vocacional, centrada en la gestión integral de las actividades culturales. Se convirtió en un potentado financiero, se arruinó y recuperó con creces los niveles de poder económico y su capacidad de influencia. El centro cultural y Museo Gulbenkian abre sus puertas, después de la rehabilitación de sus recintos, restaurados por el estudio de la arquitecta Teresa Nunes da Ponte. A su vez estrena desde hace ocho meses – proveniente de la prestigiosa y privada Frick Collection de Nueva York, nuevo director: el historiador británico Xavier F. Salomón, llega con la misión concreta de devolver al conjunto de edificios, jardines e instalaciones culturales a su espíritu fundacional de 1969.
Una mujer en la Tate Modern
En ese contexto pueden valorarse las declaraciones de la directora de la Tate Modern –25 años de vida a orillas del Támesis. de Londres, la danesa Karin Hindsbo, de 52 años recientemente desembarcada en este importante museo londinense cuando afirma que es partidaria de que las entradas a los museos sean gratuitas. Dice que necesitamos una Europa fuerte en el campo de la cultura y el arte para todos. Que las subvenciones públicas ya no son suficientes y que no es posible incrementar la oferta ni mantenerla, sin el apoyo privado. Una mujer convencida de que el liderazgo femenino tiene mucho que decir y es imparable.
Grandes metrópolis
Las grandes ciudades ya no se miden por sus obras interminables en avenidas, calles e infraestructuras ferroviarias –en el caso de València son un timo de Corredor eterno sine die–. El bienestar y la calidad de vida se miden por la urdimbre cultural necesaria –sin tapujos ni mentiras– que si no va acompañada de vitalidad urbana en instalaciones y circuitos creativos, acompañados de instalaciones, para el enriquecimiento de la belleza, de la ilustración, de la lectura y del espíritu, se queda en armazón hueco para un organismo urbano de usar y tirar. València lo intentó. Estuvo a punto de lograr el reconocimiento de los españoles. También en plazas internacionales. Entre unos y otros han dejado sucumbir el cuerpo de una ciudad que tiene elementos y empuje para despuntar. Nunca lo logrará con líderes políticos y culturales mediocres. Tampoco con líderes económico-empresariales obsesionados por conservar sus cargos y sueldos. Por ahí no se va a ninguna parte.
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