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Opinión | Miel, limón & vinagre

Morrissey, Su Estrafalaria Majestad

El cantante británico, especialista en cancelar a última hora sus conciertos, regresa a España con una petición a Pedro Sánchez de que prohíba las corridas de toros

Morrisey.

Morrisey.

Aquello eran unas fiestas populares y no lo de ahora, se lamentó el viejo. En aquel San Isidro madrileño de 1985, con un presupuesto municipal de poco más de 721.000 euros (120 millones de antiguas pesetas), el Ayuntamiento de la capital —Enrique Tierno Galván su alcalde— logró reunir en pocos días una de la mayores congregaciones de talento musical que se recuerdan en España. Caetano Veloso, Camarón, Enrique Morente, Spandau Ballet, Radio Futura, Gabinete Caligari, Joaquín Sabina, Labordeta, Carlos Cano y hasta medio centenar más de artistas consagrados o en el tránsito de hacerlo se esparcían durante aquellos últimos estertores de La Movida en el Palacio de los Deportes (hoy Movistar Arena), la Plaza Mayor, el Palacio de Congresos, las Vistillas o el Parque del Oeste, donde se presentaban al público español unos chicos —el mayor tenía 26 años— de corta pero intensa carrera musical, a quienes Paloma Chamorro, en aquella 'Edad de Oro' irrepetible, logró atraer al programa para transmitir en directo su histórica actuación isidril. El grupo eran The Smiths y el mayor de ellos su cantante, Steven Patrick Morrissey, o simplemente Morrissey (Davyhulme, Manchester, 1959). Y allá nos fuimos, con 'creepers' y tupé. El tiempo pasa para todos.

Morrissey anda estos días en España para ofrecer dos actuaciones (en Barcelona y en Madrid) de su gira 'Make-up is a lie'. El público barcelonés pudo respirar aliviado. El de Manchester no falló en su cita del fin de semana en el Barts Festival. Antes de cruzar la frontera, el vocalista mancuniano pidió por carta a Pedro Sánchez la prohibición de las corridas de toros. Primer aviso. Dado el historial del cantante, no es cosa que haya que tomarse a la ligera. Sus espantadas comienzan a ser un clásico. Le queda Madrid. La prensa musical lleva contabilizadas alrededor de 360 cancelaciones desde que iniciara en 1991 sus giras en solitario, lo que representa entre el 25% y el 40% de sus conciertos a lo largo de un año (Springsteen o Madonna no pasan del 5%).

Las razones son variadas: problemas de salud, motivos personales, dificultades en el desplazamiento de la banda, un escenario "inseguro". Las incomparecencias en España han sido sonadas. La primera en Benicàssim en 2004, donde Morrissey era cabeza de cartel del FIB. Minutos antes de la actuación se anunció a los miles de asistentes que por problemas en el vuelo que le traía a España tuvo que dar media vuelta y regresar a Inglaterra. Volvió al festival dos años más tarde. En junio del pasado año, 24 horas antes de comparecer en las madrileñas Noches del Botánico, alegó una sinusitis aguda (un clásico en sus partes médicos) para no acudir a su compromiso en la capital, donde dejó colgadas a cientos de personas de la otra punta de España que ya habían pagado desplazamiento y hotel. La última fue el pasado marzo en plenas fallas valencianas. La organización le hospedó en un hotel del centro expuesto al ruido de las mascletás. "Tras viajar durante dos días por carretera, Morrissey llegó al hotel de Valencia a última hora del miércoles. Le fue imposible dormir o descansar durante toda la noche debido al ruido del festival, los ritmos 'techno' a todo volumen y los anuncios por megáfono", justificó su equipo a través de un mensaje en su página web.

En 2015 logramos verlo en Murcia, a pesar de que días antes había cancelado un concierto en Islandia por la presencia de carne en el recinto de la actuación. En aquel SOS 4.8 murciano nos temimos lo peor: un evento con una oferta gastronómica poblada de 'food trucks' de hamburguesas, carne asada y kebabs esparcía el olor a parrilla desde Molina de Segura hasta Cartagena. Era casi una provocación. Y sin embargo, actuó, pese a exigir en sus contratos que no se venda carne en el mismo lugar donde canta. Animalista hasta la médula —The Smiths se presentaron en aquel concierto de las muy taurinas fiestas de San Isidro tras publicar su álbum 'Meat is murder' ('Carne es asesinato')—, vegano y antitaurino, en su regreso al FIB en 2006 pidió que el conductor que le llevó al festival se cambiase los zapatos de cuero por otros "veganos".

Sus compañeros le odian cordialmente y él a sus coetáneos. Robert Smith, líder de The Cure, siente por Morrissey un indisimulado desprecio desde hace 40 años: "Si Morrissey dice que no coma carne, entonces comeré carne. Así es lo mucho que odio a Morrissey (...) Es tan depresivo, que si no se mata él pronto, probablemente yo lo haga". Respuesta: "Robert Smith es un llorón. The Cure son una nueva dimensión de la palabra 'mierda’". Los dos se desdijeron años más tarde.

A muchos nos ocurre con Morrissey como a aquel aficionado a los toros de La Maestranza que una tarde aciaga y de 'espantá' le gritó a Curro Romero: "¡Curro, la próxima vez va a venir a verte tu puta madre… y yo!".

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