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Opinión

Catedrático de Ingeniería Forestal de la Universitat Politècnica de València

Espadán no puede quedarse en una noticia más del verano

Ha llegado el momento de que la Generalitat impulse y lidere un gran Pacto Valenciano por los Bosques y el Desarrollo Rural

Un medio aéreo trabaja en las labores de extinción del incendio.

Un medio aéreo trabaja en las labores de extinción del incendio. / Toni Losas

Mientras la Comunitat Valenciana sigue pendiente de la evolución del incendio de Espadán, conviene evitar un error que repetimos cada verano: pensar que el problema empieza cuando aparece el humo y desaparece cuando volvemos a la actividad cotidiana en septiembre. No es así. Los grandes incendios forestales no son una fatalidad inevitable. Son la consecuencia de decisiones, o de la ausencia de ellas, acumuladas durante décadas. El cambio climático los hace más intensos, rápidos e impredecibles, pero no explica por sí solo su magnitud. No por mucho repetirla es menos importante que todos tengamos claro que la causa estructural es el abandono del medio rural y la consiguiente limitación de la gestión forestal activa del territorio.

La ciencia y la ingeniería forestal lo resumen con una idea sencilla: el fuego lo inicia una chispa; los grandes incendios los construye el abandono durante décadas. Esa debería ser la principal lección que nos deja Espadán, un parque natural que cuenta con un PORN de 1997 que no se ha modificado en casi 30 años y que ha tenido como resultado una maraña administrativa y el consiguiente abandono de prácticamente toda la actividad forestal y agrícola de montaña.

Durante las últimas décadas, nuestros paisajes han cambiado profundamente. La despoblación del interior, el abandono de tierras agrícolas, la desaparición de actividades ligadas al monte y la práctica desaparición de la gestión forestal han favorecido la expansión de masas forestales continuas con una elevada acumulación de combustible. No se trata de recuperar los modelos del pasado, sino de entender una evidencia: un territorio sin gestión es un territorio más vulnerable, mucho menos resiliente a las perturbaciones, con los grandes incendios a la cabeza. El reto consiste en construir e implementar de forma decidida un nuevo modelo de gestión adaptado al siglo XXI, capaz de compatibilizar conservación, desarrollo rural y resiliencia frente al cambio climático.

Gestionar el monte no significa intervenir contra la naturaleza, sino trabajar con ella para hacer nuestros bosques más resilientes frente al fuego, la sequía y las plagas, al tiempo que protegen la biodiversidad, regulan el ciclo del agua, capturan carbono y generan nuevas oportunidades para el medio rural. La mejor política de conservación no es el abandono, sino una gestión forestal sostenible y adaptativa que haga compatibles la protección ambiental, la prevención de incendios y el desarrollo rural.

La buena noticia es que no partimos de cero. La Comunitat Valenciana cuenta con universidades y centros de investigación de referencia internacional, profesionales forestales altamente cualificados y una nueva generación de ingenieras e ingenieros forestales, formados en nuestras universidades y especializados en la gestión forestal sostenible y adaptativa de los ecosistemas mediterráneos. A ello se suman administraciones con experiencia con excelentes técnicos, empresas innovadoras y tecnologías avanzadas para conocer, planificar y gestionar mejor el territorio. El reto ya no es generar mucho más conocimiento. El reto es convertir ese conocimiento en decisiones, inversiones y actuaciones sostenidas en el tiempo.

También disponemos de un activo extraordinario: la Plataforma Forestal Valenciana, que constituye el espacio de encuentro y consenso de la sociedad civil forestal de la Comunitat Valenciana. En ella confluyen propietarios forestales, empresas, industrias de la madera y del corcho, organizaciones y sindicatos agrarios, colegios profesionales, universidades, centros de investigación, ONGs y otros actores comprometidos con el futuro de nuestros montes. En un tiempo marcado por la polarización, la Plataforma demuestra que es posible construir posiciones compartidas desde el rigor técnico, el diálogo constructivo y el interés general. No es frecuente que un sector tan diverso alcance consensos amplios sobre una cuestión estratégica. La Comunitat Valenciana ya dispone de ese consenso. Sería un error histórico no aprovecharlo.

Corresponde ahora a la Generalitat Valenciana, en colaboración con las diputaciones, la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, los ayuntamientos forestales y el resto de las administraciones implicadas, impulsar y liderar una estrategia de largo recorrido. Ese liderazgo debe apoyarse en el consenso que la propia sociedad civil forestal valenciana ya ha construido a través de la Plataforma Forestal Valenciana, incorporándola de forma estable al diseño, desarrollo y seguimiento de las políticas forestales. No hacen falta más diagnósticos. Hace falta una alianza duradera entre administraciones públicas, comunidad científica, sector forestal y sociedad civil organizada.

Ese compromiso debería materializarse en un Pacto Valenciano por los Bosques y el Desarrollo Rural, impulsado por la Generalitat Valenciana y construido junto a la Plataforma Forestal, como expresión del consenso de la sociedad civil forestal, y con la participación del conjunto de las administraciones públicas. Un pacto capaz de integrar la gestión forestal, la prevención de los grandes incendios, la bioeconomía, la gestión del agua, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático en una única estrategia de territorio. Invertir en los bosques no es un gasto; es invertir en seguridad, empleo, resiliencia y futuro.

Europa ya ha marcado el camino. La Estrategia Forestal de la UE para 2030, el Reglamento de Certificación de Absorciones de Carbono (CRCF) y programas como FEADER, FEDER, LIFE y Horizon Europe ofrecen un marco político y financiero excepcional para impulsar la gestión forestal, la restauración de ecosistemas, la bioeconomía y el desarrollo rural. La Comunitat Valenciana dispone, por tanto, de una oportunidad única para situarse entre las regiones europeas mediterráneas que lideren esta transformación.

Los valencianos sabemos que el fuego forma parte de nuestros paisajes mediterráneos. Lo que no podemos aceptar es que la resignación forme parte de nuestras políticas. Espadán no puede quedarse en una noticia más del verano. Debe convertirse en el punto de inflexión que impulse una nueva política forestal para la Comunitat Valenciana: una política construida desde el liderazgo institucional, el conocimiento científico y la participación de la sociedad civil forestal.

La pregunta ya no es qué debemos hacer. Nunca hemos tenido tanto conocimiento, tanto talento y tantas oportunidades para hacerlo. La respuesta no debe llegar con la próxima catástrofe. La respuesta debe empezar a construirse mañana. ¿Seremos capaces?

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