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Opinión

Toni Quintana

Toni Quintana

Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca en la CEN del PSPV-PSOE

Secretario Agricultura, Ganadería y Pesca en la CEN del PSPV-PSOE

Papel mojado y logros heredados: el falso idilio del Consell con el campo

Un agricultor riega la huerta con Campanar al fondo.

Un agricultor riega la huerta con Campanar al fondo. / ANDREU ESTEBAN

En política existe una regla no escrita: cuando la gestión escasea, la propaganda ocupa todo el espacio disponible. La reciente entrevista del President de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, publicada en la revista de AVA-ASAJA, es un buen ejemplo de ello. Bajo el llamativo titular «Hemos cambiado la persecución por la admiración al sector», el Consell pretende dibujar un antes y un después en la política agraria valenciana. El problema es que el relato se desmorona en cuanto se confronta con los hechos.

El presidente vende como una gran conquista la eliminación del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP) para facilitar la continuidad de las explotaciones agrarias. Lo presenta como una iniciativa propia, casi revolucionaria. Sin embargo, basta acudir al Boletín Oficial para comprobar que esa medida ya estaba contemplada en la Ley de Estructuras Agrarias de 2019, aprobada por unanimidad en Les Corts. No es un logro del actual Consell; es un legado de la legislatura anterior.

Apropiarse de una medida aprobada hace siete años no es un simple exceso retórico. Es construir un relato político sobre logros heredados para ocultar la falta de iniciativas propias. Cuando un gobierno necesita presentar como nuevo lo que otros dejaron hecho, quizá el verdadero problema sea la ausencia de resultados que exhibir.

La misma estrategia se repite con la incorporación de jóvenes agricultores. Resulta difícil presumir de compromiso con el relevo generacional cuando la única convocatoria de ayudas de toda la legislatura llegó con retraso y, además, dejó fuera a 41 solicitantes que cumplían todos los requisitos por falta de presupuesto. Conviene recordar que el anterior Consell dejó preparada la normativa necesaria para agilizar estas ayudas y que durante las dos legislaturas del Botànic se realizaron tres convocatorias. La diferencia entre los discursos y los hechos vuelve a ser demasiado evidente.

Algo parecido sucede cuando se presume de las inversiones destinadas a la modernización y competitividad ganadera. Quizá convendría recordar que en 2015 esa línea presupuestaria era inexistente y que en 2023 alcanzaba ya los seis millones de euros. También aquí el actual Gobierno parece más cómodo cortando cintas de proyectos heredados que impulsando iniciativas propias.

Pero donde la distancia entre propaganda y realidad resulta más hiriente es tras la DANA. Mientras el President multiplica las fotografías reivindicando el apoyo institucional al campo, quienes trabajan la tierra saben perfectamente quién ha sostenido la recuperación. Cerca de 400 millones de euros en ayudas directas y en la reparación de infraestructuras agrarias han llegado de la mano del Gobierno de España.

Mientras tanto, la Conselleria de Agricultura sigue instalada en la política del titular. Mucha visita institucional, muchas declaraciones solemnes y muy pocas respuestas concretas. Los agricultores continúan esperando ayudas propias para afrontar el incremento de los costes de producción, desde los fertilizantes hasta el combustible. Las palabras, por sí solas, no pagan facturas ni mantienen abiertas las explotaciones.

El sector agrario valenciano afronta problemas demasiado serios como para conformarse con campañas de imagen: falta de rentabilidad, dificultades para el relevo generacional, competencia desleal, incremento constante de los costes y los efectos cada vez más frecuentes de fenómenos meteorológicos extremos. Ninguno de estos desafíos se resolverá sustituyendo la gestión por el marketing político.

Después de casi tres años de legislatura, el balance empieza a ser difícil de disimular. Mucho anuncio, mucha autocomplacencia y demasiados méritos prestados. El Consell parece haber encontrado una fórmula sencilla: inaugurar lo heredado, anunciar lo pendiente y atribuirse el trabajo realizado por otros.

Pero el campo valenciano posee una virtud que la política a menudo olvida: la memoria. Los agricultores saben distinguir perfectamente entre quien siembra y quien simplemente posa para la fotografía de la cosecha. Porque una buena campaña de comunicación puede llenar titulares durante unos días; una buena gestión, en cambio, deja huella durante años.

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