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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

200.000 hectáreas después

El Gobierno y la oposición se acusan mutuamente mientras los afectados por los incendios lamentan el descuido y la falta de acción

Pedro Sánchez, Juanfran Pérez Llorca y Diana Morant, en el puesto de mando de La Vall d'Uixó.

Pedro Sánchez, Juanfran Pérez Llorca y Diana Morant, en el puesto de mando de La Vall d'Uixó. / Manuel Bruque/Efe

El CSIF, un sindicato nada sospechoso, alertó ya en mayo de que España afrontaba el verano «sin medios ni plantillas adecuadas» para combatir los incendios forestales y de que las comunidades autónomas no estaban reforzando suficientemente sus planes de prevención. Fue el independiente CSIF, conviene insistir, quien detectó hace dos meses la falta de personal en las brigadas forestales y una grave ausencia de coordinación y planificación entre las distintas administraciones. El sindicato lanzó aquella advertencia justo después de que el Gobierno presentara la campaña estatal contra los incendios. Hubo fotografías, declaraciones y mensajes institucionales. Lo que faltaba, según quienes conocen el terreno, eran recursos suficientes y una estrategia realmente coordinada.

Han tenido que arder alrededor de 200.000 hectáreas en lo que llevamos de verano, según datos de las comunidades autónomas y las estimaciones satelitales de Copernicus, casi seis veces más que en el mismo periodo del año pasado, para que vuelva a hablarse de un pacto de Estado frente a las emergencias climáticas y los voraces incendios de sexta generación. Pero ni siquiera ante estos números dramáticos parece posible alcanzar un acuerdo mínimo. El PSOE acusa al PP de asumir el marco de Vox y de evitar cualquier referencia al cambio climático. Los populares responden refugiándose en su repertorio habitual de eslóganes y nombres propios. Otra victoria por incomparecencia para el populismo.

Los desalojados de sus casas y quienes contemplan paisajes convertidos en infierno como la Serra d’Espadà no merecen tanto descuido. Saludar a las fuerzas de seguridad y a las brigadas forestales es obligado. Mantener una mínima cortesía institucional entre mandatarios también. Pero no basta con visitar el puesto de mando avanzado, posar y marcharse. Si Sánchez, Pérez Llorca, Morant, Valderrama o Bernabé acudieran también a consolar a los afectados; si, una vez extinguida la emergencia, regresaran con ellos a sus viviendas, algunas reducidas a cenizas; quizá no haría falta invocar un pacto de Estado abstracto y alejado de la realidad cada vez que el fuego desborda las previsiones.

Sánchez ha cerrado el curso político con una intervención que ha sonado a final de legislatura. Dice que el cambio climático no entiende de ideologías. Pero el fuego tampoco distingue entre siglas. La responsabilidad política, tampoco debería.

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