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Opinión

València

Donde te pille el fuego

Pérez Llorca, en la final del Mundial el 19 de julio.

Pérez Llorca, en la final del Mundial el 19 de julio. / Levante-EMV

La política es, como la vida misma, oportunidad. Pero también es su contrario: la inoportunidad. Estar en el lugar correcto, en el momento oportuno, te puede convertir de repente y sin casi soñarlo en presidente de la Generalitat. Llegar demasiado tarde, mentir, o simplemente estar donde no debías, te puede costar el cargo, aunque un día antes uno se sienta intocable.

Juanfran Pérez Llorca entendió la primera parte de esta lección. Pilló la oportunidad al vuelo cuando Carlos Mazón sucumbió, tras meses aferrado al cargo pese al desgaste provocado por la gestión de la dana. Pero la segunda parte le ha rozado. Muy de cerca.

¿Qué habría ocurrido si el incendio de la Vall d'Uixó se hubiera declarado una semana antes? Hectáreas arrasadas, municipios confinados, familias desalojadas. ¿Y si le hubiera sorprendido en Nueva York, ataviado con camiseta roja, durante un viaje supuestamente privado pero convertido en asunto público?

Una semana. Solo una semana ha marcado la diferencia entre poder presidir a tiempo el Cecopi al que tanto tardó en llegar Mazón y no tener que dar incómodas explicaciones.

Ese Cecopi de la dana, junto a las mentiras y las medias verdades, fue la sentencia de muerte de Mazón, pero, sobre todo, la inoportunidad de estar y permanecer donde nunca tenía que estar en medio de una alerta roja.

Juanfran Pérez Llorca se fue a ver la final del Mundial de Fútbol con la Comunitat Valenciana abrasada por el calor extremo. Durante su viaje de cuatro días la Aemet declaró varias alertas en territorio valenciano y se produjeron reventones térmicos en varias localidades. Nada es comparable a la dana, claro, pero la suerte no debería ser una estrategia o una política pública. Distinto escenario, parecido error y eso sí, mejor suerte.

La emergencia climática que el Partido Popular niega ahora, arrastrado por su pacto con la ultraderecha, debería al menos ser tenida en cuenta a la hora de hacer las agendas, sobre todo, cuando hay alertas meteorológicas, ya sean rojas, naranjas o amarillas. Gota fría en otoño, calor extremo en verano, ambas ya insoslayables. Estos episodios han dejado de ser excepcionales para convertirse en una realidad recurrente. Convendría tenerlo en cuenta porque al final, en política, como en la vida y en los incendios, todo depende de dónde te pille el fuego.

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