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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

El Vives debe volver a ser residencia

El rehabilitado Espai Vives podría recuperar su cometido original para paliar la crisis de vivienda estudiantil en València

Espai Vives en la rehabilitada residencia de la UV.

Espai Vives en la rehabilitada residencia de la UV. / UV/ChatGPT

La muerte del rector Ramon Lapiedra ha devuelto al primer plano una cuestión pendiente desde la última campaña electoral de la Universitat de València, como es el porvenir del antiguo colegio mayor Lluís Vives. Tras años de incomprensible abandono, el inmueble fue rehabilitado para una reconversión alejada de las necesidades actuales.

El espléndido edificio racionalista de Javier Goerlich dejó de funcionar como residencia universitaria y reabrió como Espai Vives para acoger diversos servicios académicos y de atención al alumnado. Sin embargo, restituirle su cometido original debería haberse situado entre los asuntos centrales del proceso que llevó a Juan Luis Gandia al rectorado. Sobre todo, en plena crisis de la vivienda, cuando el elevado precio de los alquileres ha impulsado un auge de las residencias privadas y dificulta vivir cerca de las aulas.

Como explica José María Tomás Llavador en Espai Vives, de la colección Arquitecturas OHV, el proyecto de la Residencia de Estudiantes de la Ciudad Universitaria de València, influido a su vez por la madrileña Institución Libre de Enseñanza, sirvió de inspiración para la propuesta que finalmente materializó Goerlich. Aunque el inmueble se levantó en 1945, su característico «estilo barco» había sido concebido una década antes, bajo la influencia racionalista de la etapa blasquista y republicana del Cap i Casal. La obra simboliza la modernidad de una expansión urbana orientada hacia el litoral, con la Universitat como motor del entonces paseo de València al Mar, rebautizado felizmente como avenida de Blasco Ibáñez.

El mejor servicio que podría prestar el nuevo equipo rectoral a la ciudad sería devolver a este enclave su condición de residencia. Además de atender una demanda urgente, la decisión rendiría homenaje a Ramon Lapiedra. Fue allí donde, junto con otros profesores, impulsó el Col·lectiu Joan Lluís Vives, del que surgió la candidatura que defendía una universidad progresista, moderna y valenciana y que acabaría transformando para siempre la UV.

Por sus habitaciones pasaron también varias generaciones para estudiar gracias a una beca y acabaron convirtiéndose en excelentes profesionales con una marcada vocación de servicio público.

Los arquitectos, empezando por Tomás Llavador, deberían recuperar la condición primigenia del Col·legi Major Lluís Vives, con la metáfora de ese barco varado del saber. Lo verdaderamente imperdonable sería no intentarlo.

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