Opinión | Análisis
En Ceuta no valen (tampoco) blancos y negros
En un mundo tan polarizado, la mirada se ha habituado a A o B (no hay más) y a desesperarse en la escala de grises. La realidad, sin embargo, diría, continúa estando en ese tono feúcho donde se entreveran muchos matices

Regreso a Marruecos de las personas que cruzaron la frontera el jueves pasado. / Reduan Dris
¿Cómo ha empezado esto? Es la pregunta que nos hacemos todos estos días tras las imágenes de Ceuta. Dicho de otra manera: ¿quién es el culpable? En un mundo tan polarizado, la mirada se ha habituado a A o B (no hay más) y a desesperarse en la escala de grises. La realidad, sin embargo, diría, continúa estando en ese tono feúcho donde se entreveran muchos matices.
Vayamos a los hechos. Existe una raíz clara: la sentencia reciente del Supremo sobre las devoluciones en caliente a raíz del recurso de un migrante argelino interceptado en el mar en 2024. Y eso pone el foco en España, en su ley de Extranjería y su reglamento de desarrollo, y también en el despliegue de elementos de contención en el mar. La instalación de estos y una redacción legal que dejara menos puertas abiertas a la interpretación hubieran evitado una decisión que está en el origen de unos sucesos que, parece que no importa, pero han dejado más de medio centenar de personas muertas.
A partir de esa resolución judicial, entra en juego el mundo de hoy, donde la interacción de las redes sociales es una realidad consumada, tanto en el primer como en el tercer mundo (quizás más en este último por ser más exclusivo el acceso a fuentes de información de garantía y de pago). Las redes expanden como la pólvora la noticia, con un enfoque más o menos populista, pero con base: no se debe impedir el acceso a los que entren por mar.
Estos dos elementos son las claves fundamentales para explicar lo sucedido. Son la raíz. Hay un tercer factor que no tiene influencia directa y que no es medible, pero que se antoja imposible desdeñar: España acaba de aprobar una regularización masiva, es decir, ha lanzado un mensaje de apertura al fenómeno migratorio.

Fuerzas de Marruecos ante la frontera de Ceuta. / Reduan Dris
Estos son los hechos. A partir de aquí, diría que entran en juego protagonistas secundarios, a tenor de lo que explican testimonios españoles en el norte de África. Así, el papel de las autoridades marroquíes diría que, más que alentar la fuga, es mirar a otro lado y no actuar a tiempo cuando se desata la ola. Posiblemente (y esto es especulación), cree que geopolíticamente puede venirle bien: poner sobre la mesa el debate de la soberanía de Ceuta y Melilla, señalar el reciente acercamiento de España a Argelia, un guiño a Estados Unidos e Israel… Todos son factores en esa coctelera. No obstante, la jugada (si existía) tiene resultados más negativos que positivos. La prueba es el rápido entendimiento con España para el regreso de la gran mayoría de los más de 50.000 que cruzaron la frontera.
¿Por qué consecuencias más negativas que positivas? Los testimonios sobre el terreno citados aseguran una realidad que se ve poco en España y Europa, porque la censura y la represión hacen su papel: aún así, en las redes sociales han aumentado estos días los comentarios de crítica contra el Gobierno de Rabat. Lo sucedido, además, cuestiona, el discurso oficial de prosperidad y confianza que se quiere transmitir al mundo y abre una crisis reputacional: el Ejecutivo y el rey ensalzan el avance del país y en pocas horas unos 60.000 jóvenes dejan sus ocupaciones y se juegan la vida para llegar a Europa (hay aún unos diez mil en los bosques cercanos a Ceuta). El primer enunciado no encaja con el segundo. Este contradice a aquel y desnuda a los ojos de cualquiera una situación menos feliz que la que se pretende vender.
Es tentadora en este mundo de triunfo de lo irracional, la idea de una gran conspiración, pero parece más real que unos y otros aprovechan la crisis para amplificar sus mensajes ultranacionalistas, de invasión y de miedo al paria descalzo
Esta crisis reputacional también afecta a España, que admite que no vio venir la situación (¿y los servicios de inteligencia?) y se enfrenta a imágenes que han sido portada en medio mundo. Diría que es ahí donde entran EE UU, Israel y los nuevos emperadores tecnológicos. El tecnofascismo, según terminología al alza. Es tentadora en este mundo de hoy de triunfo de lo irracional, la idea de una gran conspiración, pero parece más real que unos y otros aprovechan la crisis para amplificar sus mensajes ultranacionalistas, de invasión y de miedo al paria descalzo y miserable de otra piel. Al tiempo, deslegitiman a un gobierno que les encara y se erige en paradigma de las políticas contrarias. La oposición interna, obvio, no desaprovecha tampoco la oportunidad.
Como les decía, seguro que no es una interpretación tan atractiva (perdón a los decepcionados), pero tras escuchar voces en el terreno y con conocimiento de la política marroquí, diría que se acerca más a la realidad.
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