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Opinión | Algo personal

València

El vinito, la gorra y el yate de Ferran

No sé quién aconseja -si se dejan- a los jóvenes que triunfan en el fútbol. Hablo no sólo de la parte económica, sino de tener una idea sobre el mundo en que vivimos.

Ferran Torres solidario con las víctimas de la dana

Ferran Torres solidario con las víctimas de la dana / Levante-EMV

Imagino que lo saben: la selección española de fútbol ha ganado el Campeonato del Mundo. Igual hay alguien que no, que no lo sabe, que no se ha enterado del gol que le metió Ferran Torres a Argentina para que España -a izquierdas y derechas- se sintiera parte de una épica que ríete tú del Palleter, Daoiz y Velarde, Viriato y del gol que le endosó Iniesta a Países Bajos en el Mundial de Sudáfrica de 2010.

La gorra de Ferran Torres admirada por Trump

La gorra de Ferran Torres admirada por Trump / Levante-EMV

El párrafo anterior parece de guasa, pero no lo es. Hace poco, en la conversación con un amigo, salió el nombre de Messi. Como implorando una extraña clemencia anticipada, el amigo se paró en seco y me miró convencido de que lo que iba a decir era una inconveniencia: «perdona, ¿quién es Messi?». Pues eso mismo, a lo mejor, con el triunfo futbolístico español en los EEUU de Trump y esa gorra y esos bailecitos ridículos que convierten la noble tradición de los payasos en una siniestra bufonada. Por cierto, no sé si se fijaron ustedes en un detalle: nuestro ilustre paisano lucía una gorra como la de ese fantoche que se cree el amo del mundo. O lo que es peor: el único mequetrefe que, lleno de un peligroso orgullo filonazi, será capaz de destruirlo.

Todo por la patria

Pues sí: en las celebraciones por la victoria mundialista nuestra joven estrella andaba tan pancho con su gorra y ese eslogan calcado al pie de la letra del que luce Trump en las suyas: «Make Spain Great Again». Hacer que España sea grande de nuevo. Se lo preguntaban aquí mismo, hace unos días, Alfons García y Joan del Alcázar: ¿grande como cuándo, grande en qué…? Los EEUU más grandes de su historia en las gorras de ese siempre malcarado fumigador de democracias. Desconozco a qué grandeza de España se refiere la frase de la de Ferran Torres después de un gol -el suyo- que ya forma parte de la más exitosa historia futbolística de nuestro país.

Yate y vino de Borgoña

Yate y vino de Borgoña / Levante-EMV

No sé quién aconseja -si se dejan- a los jóvenes que triunfan en el fútbol. Hablo no sólo de la parte económica, sino de tener una idea sobre el mundo en que vivimos. Porque vamos a ver: mientras un crío como Lamine Yamal se descara contra el genocidio palestino y se enfrenta al racismo de M. Rajoy hablando del fútbol como un deporte integrador, otro como Ferran Torres se encasqueta una gorra que se ha ganado la admiración de Donald Trump porque los dos mensajes -el del futbolista y el del mandatario americano- hablan de una tontorrona y vintage soflama patriótica. ¿Qué fue de aquel joven entregado a la causa solidaria cuando la tragedia de la dana?, me pregunto con tristeza.

La siguiente imagen de nuestro ídolo tiene que ver con el verano. Días felices de jóvenes millonarios, como los azules y soleados de Antonio Machado en su último poema de Colliure, pero con una pasta gansa que te cagas. Y a bordo de un yate que es como las tres carabelas de Colón puestas en fila india y unas botellas de vino que compartían el mismo Ferran Torres y su compañero en la selección Marcos Llorente.

Ya sé que cada cual -y más si es mucho- puede hacer con su dinero lo que quiera. Pero creo que hacer alarde de pagar por el alquiler de un yate 10.000 euros diarios y libarse dos botellas de vino a 20.000 euros la pieza chirría una miaja, sobre todo porque la vida de mucha gente es una mierda y hay alardes que flaco favor deparan a quienes los hacen ostentosamente visibles. Igual, en plan social e igualitario, el mensaje de la gorra patriótica quería decir eso: que en España todo dios pueda alquilarse un yate para los veranos y arrearse sin pestañear dos botellas de Borgoña más caras que una casa en mi pueblo ya rehabilitada.

Orgullo sin prejuicio

Por otra parte, cada cual elige las amistades que le da la realísima gana. Faltaría más. No sé cómo y hasta dónde llega la que une al futbolista del Atlético de Madrid y al del Barça. Lo que sé es que las crónicas hablan de mucha complicidad y lo primero que me vino a la cabeza, cuando leí esa cercanía, fue el negacionismo climático de Marcos Llorente y otras lindezas parecidas tan cercanas a la extrema derecha. Y me pregunté hacia dónde van y hasta dónde llegan la famosa gorra de nuestro ídolo, las botellitas de Romanée-Conti y el yate como las tres carabelas de Colón puestas en fila india y no exclusivamente cargadas de patatas.

No sé si el amigo que no sabía quién era Messi sabrá quién es Ferran Torres. Seguramente no. En todo caso, poco importa eso. Lo que importa es que el mundo es un juego de espejos en que, como en los del valleinclanesco Callejón del Gato, nos reflejamos cada cual en nuestra propia y contradictoria deformidad. No sé el espejo en que se mira Ferran en su vida diaria. Ojalá no sea el mismo donde se refleja, cara al sol y con el negacionismo voxista por bandera, su colega madrileño. Y encima, con el horror de los incendios que no cesan en días como estos…

Para terminar, aunque nadie me lo pida, dejo aquí una aclaración: me aburre tanto toqueteo de balón en el fútbol de ahora. Por eso me gusta que el ajetreo casi adolescente de Ferran por el césped alegre ese insoportable manierismo. Y por eso si en un partido del Barça no sale de titular el héroe de Foios apago la tele. Así que ojo antes de maldecir a bote pronto esta columna y sobre todo a quien la escribe, ¿vale? Mucho ojo.

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